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domingo, 26 de septiembre de 2010

Aquel año de COU

De vez en cuando, me gusta releer libros antiguos, hace unos días, al abrir un libro: Teatro Selecto de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero encontré un folio amarillento y muy doblado, al abrirlo comprobé que estaba roto y le faltaba algún trozo, lo recompuse y decía así:

“En el año de C.O.U. el regreso del mundo del trabajo al instituto venia cargado de un aire nuevo: el abandono de la soledad, la libertad, el reencuentro con los amigos y con el amor resbaloso del año pasado.
Llegué a Guadix a mediados de Octubre, era el año de 1.976 de nuestra era y mi timidez llevaba una sonrisa en el corazón. Ya hacía frío, llovía muy lentamente, lo primero que hice fue buscar mi lugar de residencia, lo encontré muy cerca del Arco de San Torcuato, frente a la cristalería Izquierdo, luego subí andando “al Instituto de arriba” llamado Pedro Antonio de Alarcón, saludé a los viejos amigos y colegas y conocí a los nuevos de ese año. Fue un encuentro deseado y lleno de emociones pero mi impaciencia estaba en “el Instituto de abajo” bajé y me di una vuelta pero no encontré a la que quería ver. El verano había llenado de ilusiones mi fracasado amor. Pero ella no estaba y por más que busqué no la encontré. Y volví al silencio.
El sabor a soledad volvía a mis labios impregnados de trasparentes gotas de agua que me besaban suavemente:
Pensaba verte de rosa
al lado de mi alma
quería llamarte preciosa
y contemplarte en calma.

Te he visto de infinito
como el aire que pasa
a mi lado, en mi casa,
como un cielo bonito.

Quisiera llamarte Preciosa
vestirte con traje de rosa
y de mi mano olorosa
verte sonreír caprichosa.

Impuesta en mi mente la nada
como el hambre celeste cantada
que tras el silencio halla su morada
en las ramas de un árbol enredada.

Así comencé el curso en aquel año de C.O.U.

Cuando era pequeño
veía el cielo
azul.
Y caminando surgieron,
en el cielo
otros colores que dieron
poemas,
versos
y letras
con “te quieros”.
Ahora que soy pequeño
veo el cielo
azul.

Era corta mi poesía – me dijiste--   abstracta como la soledad, breve como la vida, oscura como un callar. Hablaba de cumbres y de sueños, de sonrisas y soledad (creo ahora recordar). Aparecían ruidos en mi mente, que no sabía controlar, eran imágenes del pensamiento que yo quería ocultar. Tus ojos me dicen deseos, y tú no paras de hablar, escondes tus sueños en una tímida soledad.
Quisiera escribirte cosas bonitas, alegres e interesantes, --¡lo siento!—pero en este instante, mi pensamiento no me da más, sigo pensando en tus ojos, que no ocultan la verdad,  pequeños como la primavera, bonitos como la mar.
Veo tu sonrisa mirar, en lo alto de la mañana, con el agua de lluvia hablar, mientras besas aquellas flores blancas, que contigo quieren jugar, para acariciar tu piel.
El sueño, que nacido quisiera, llegar y vivir en ti,  se encuentra con el silencio que besa la soledad, oculta en un continuo caminar. Si yo te hablara, nada se haría real, creo que bien sabes, mi sueño es tu felicidad.  En un momento feliz, todo se viste de alegría, pero cuando existe la tristeza, las palabras son monotonía. Escribo esto a la una del mediodía de aquel año de C.O.U.”











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