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ANIK

ANIK es una novela de fantasía en la que una joven recibe un medallón mágico que le otorga unos poderes extraordinarios.

LA PIEDRA DE SCONE

ANIK sigue luchando para continuar su vida normal y no perder el amor de su vida en su lucha contra los seres alados.

LA INVASIÓN DE LOS REINOS DEL HIELO

La humanidad está en peligro y Anik, junto a sus hijos Sigurd y Meghan y los amigos de este: dos dioses asgardianos, lucharán para salvar a la Tierra y a sus habitantes.

ANIK

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jueves, 5 de junio de 2014

CUANDO LLEGA LA TARDE



Curso 1975-76.- 18 años.
Cuando llega la tarde

Cuando llega la tarde
y tú no estás,
siento en la oscuridad
el pesar del silencio cobarde
de la tempestad.
Las palabras se oscurecen
en el recuerdo del mar,
cuando en mi alma aparece
esa luz… ¿Será verdad?
La inocencia del pensamiento,
¿la podré creer?
La ira del tormento,
¿la sentiré yo?
Cuando en un momento
siento la felicidad
veo que es un sueño
o quizás ganas de amar.




*****



Cuando estudiaba sexto de bachillerato, vivía en “Casa de Águeda”, cerca del Arco San Torcuato, en Guadix. Al terminar las clases tenía la costumbre ir al parque para intentar ver a la Loquilla de abajo, mi enamorada. Solía esperar que se fuera a su pueblo en el transporte escolar y solo entonces volvía a casa a estudiar. La casa era un piso moderno y las tormentas se oían como si estuvieran dentro. Una tarde, mientras estábamos estudiando, comenzó una tormenta que nos asustó. En la mesa de salón estábamos Rafael, Pepito, Mª Ángeles, Antonia y Mª Luisa y yo. Cerraron el balcón y echaron la persiana para no ver los relámpagos. Era imposible estudiar y comenzaron a contar historias de tormentas.
Mi mente se trasladó a mi niñez cuando mi madre, en cuanto oía un trueno, cerraba todas las ventanas y atrancaba los postigos para que todo se quedara en penumbras. En la chimenea, ponía unas tenazas en forma de cruz, para que no entrara ningún rayo. Curiosamente, quitaba el tarugo de la puerta de la calle y abría la hoja de arriba —«por si a alguien no le da tiempo a ir a su casa, para que se pueda refugiar»— nos decía a mi hermana y a mí. Cuando la casa estaba en penumbras nos refugiábamos en uno de los dormitorios, hasta que dejaban de oírse los truenos. Para entretenernos, recordaba lo que había que hacer cuando nos sorprendía una tormenta, y nos contaba historias que le habían pasado a otra gente por no tener precauciones en estas tardes de lluvia ¾a las tormentas hay que temerle¾ nos decía siempre.
Volviendo a la casa de Águeda, mientras contaban historias, mi pensamiento se trasladaba al parque de Guadix para soñar con ella y escribirle esta poesía añorando su ausencia, al tiempo que simulaba que estudiaba y tomaba apuntes de los libros. 


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