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martes, 1 de octubre de 2013

RELATO ERÓTICO: Carmen María y el sexo.


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Carmen María y el sexo.


20 de diciembre de 1976

Mi querida Luna Sinusoidal, vuelvo a escribirte porque ha vuelto a ocurrir. Aunque seas un diario, no puedo escribirte todos los días. Ya te lo dije. Solo cuando me ocurran cosas diferentes a lo que vivo cada día y mi primera vez lo es. No, no, lo mismo que antes no. Ahora ha sido con un chico, bueno han sido dos. No pienses que soy una pervertida o que me he vuelto loca, es que eran situaciones diferentes.

 Te comento:
Tenía un estado de ánimo por los suelos. Me sentía mal, muy mal. Llevo un tiempo pensando que no le gusto a los chicos porque aún no he probado sexo con ninguno a pesar de que soy abierta y les doy facilidades. ¡Claro! Les falta experiencia para atreverse. Ahora lo he comprobado.  La mayoría de mis amigos son de mi edad y todavía no están seguros para invitarte a un acto íntimo donde, si no responden, pueden quedar mal. Creo que ahí ha estado el error. Para aprender todo lo relacionado con el sexo nada mejor que un chico mayor y con experiencia, y este fin de semana me ha ocurrido.

 Te cuento Luna:
Le había prometido a Rosy, mi amiga de Cogollos, que pasaría un fin de semana con ella en su pueblo. Resulta que su noviete viajaba con la familia e iba a estar sola el sábado y el domingo, para no deprimirse me ha pedido que la acompañara. Fuimos a hablar con mis padres y accedieron a que dejara el domicilio paterno por unos días. Al fin y al cabo son vacaciones de navidad.

El diecisiete no hubo clase, pero teníamos que asistir a los actos preparados por los profesores, como el recital de coro del instituto que era a las once de la mañana. Cuando terminó nos fuimos a la discoteca del Albergue, donde los de COU habían organizado un baile al estilo de los de las películas americanas. La entrada valía veinticinco pesetas, para pagar los gastos. Como era una fiesta para el instituto no había límite de edad. Entramos todas, de portero estaba Ramírez, un chico al que conocíamos, y solo pagó la que tenía dinero. Nunca había estado en una discoteca, aquello parecía un bar oscuro, pero muy grande. Eso sí, la música se oía de fábula. Nada más llegar, mis amigas y yo nos pusimos a bailar suelto como locas.

Cuando empezó la música lenta nos sentamos. ¿Te quieres creer que no vino ningún chico a sacarnos a bailar? ¡Ni que tuviéramos la lepra! No, ninguno de los muchos chicos que había se acercó. Muchas miradas y nada más. Pero tampoco nos aburrimos. Nos pusimos a criticar a todo el mundo que veíamos y a reírnos escandalosamente. Ya nos encontrábamos dispuestas a marcharnos cuando vi entrar al chico sexy de la clase, bueno, así lo llamábamos. Les comunique a las demás que todavía no nos íbamos y me levanté mirando hacia otro lado para chocar con él sin darme cuenta. Ja,ja,ja… pobrecillo, por poco lo tiro al suelo. Me pidió perdón, estaba azorado sin saber que decir. Yo aproveché la situación:

¾    ¿Nos sentamos? ¾le dije.

Él, sorprendido, me siguió y se sentó a mi lado. Comenzamos a hablar de la fiesta, luego de las clases y finalmente de nosotros. Cuando comenzó la nueva fase de música lenta, miré hacia la pista observando como las parejas se abrazaban y comenzaban a bailar. Te juro Luna que no lo hice a propósito, pero se dio cuenta y me preguntó si quería bailar. Le hice un gesto que sí, me levanté y me dirigí a la pista, él me siguió. Puso sus manos en mi cintura y yo las mías en sus hombros, comenzamos a bailar. Seguimos la conversación pero apenas si nos oíamos y yo rodee con mis manos su cuello y acerqué mi cara a la suya. El chico sexy entonces apretó sus manos en mi cintura y  pegó mi cuerpo al suyo. Luego subió una mano a mi espalda y me apretó contra su cuerpo. A partir de entonces no hablamos, nos mirábamos y sonreíamos. Mis pezones quedaron aprisionados contra su pecho y me sentí excitada. Me hubiera gustado estar sola y desnudarlo para acariciarlo. En la siguiente canción metió su mano bajo mi ropa y me acarició la espalda desnuda, yo sentía una sensación extraña, de placer, y solo sabía sonreírle. Luego pasó la mano a mi barriga, me estaba revolviendo la ropa, pero no me importo. Sentí escalofríos cuando llegó a mis pechos acariciando mis pezones. ¡Dios! Me gustó, la primera  vez que sentía la mano de un hombre en mi piel y me encantó. Yo miraba a la demás parejas pero cada una estaba en lo suyo y me sentí un poco mejor. Me daba vergüenza que alguien se diera cuenta. Acabó la canción y quitó rápidamente la mano porque se encendieron las luces al cambiar de ritmo musical.

Volvimos a sentarnos y mis amigas se pusieron a bailar suelto, me fui a bailar con ellas. Quería saber sus impresiones. Yo pensaba que no nos había visto nadie, pero cuando volví con ellas lo primero que me dijeron: «vaya lote que te has dado, no creí que te atrevieras a dejar que te tocara las tetas». En la siguiente tanda vinieron varios chicos a pedirme baile pero les dije que no me apetecía. Ahora que me habían visto bailar pegada sí querían bailar conmigo. Mientras, mi chico sexy, al quedarse solo, había sido abordado por varias chicas de COU y ya no volvimos a hablar. A las cinco de la tarde Rosy me dijo que nos teníamos que ir para preparar la maleta porque a la seis venía su hermano a recogernos con el coche de su padre.

¡Joder Luna! Rosy no me había dicho que tenía un hermano tan guapo. Además estaba buenísimo. Creo que me enamoré de él a primera vista, o al menos eso me pareció. Mi amiga siempre hablaba mal de él y yo me lo había imaginado feo y antipático. Tenía la cara redonda y la nariz pequeña, el pelo largo por los hombros, vestía una cazadora vaquera y fue muy amable conmigo. Me dio dos besos de saludo y me quitó la maleta de las manos para subirla al maletero. Rosy no se movió hasta que volvió a por su maleta y la colocó junto a la mía. El viaje fue muy corto, Cogollos está muy cerca de Guadix, en el valle del Marquesado. Vive en la calle Carrera, muy cerca de la iglesia.

Nada más llegar, Rosy me llevó a su cuarto y metimos la ropa en el armario ¾¡Joder Luna!¾ Un armario de tres puertas y es para ella sola, el doble de grande que el mío. Claro que tiene una casa grande de dos plantas, con un corral enorme y al fondo un pajar que Rosy utiliza para estar sola y leer, salvo que esté su hermano, que en cuanto llega se tiene que ir porque pone una música horrible. No entiendo la manía que le tiene a su hermano, yo lo encuentro simpático y no parece que sea malo. Me ha dicho que tenga cuidado con él. No sé a qué se referirá. No creo que me haga nada malo.

Bajamos a cenar y pidió permiso a sus padres para enseñarme las discotecas, en el pueblo hay dos, y me ha dicho mi amiga que no preguntan la edad. Normalmente solo la dejan ir si va su hermano de acompañante, pero no vino a cenar, en realidad nos dejó en la puerta de la casa y desapareció. Nos dieron permiso hasta las doce por tratarse de mí, desde luego nos advierten que tengamos cuidado con los hombres y que no nos subamos en ningún coche para ir fuera del pueblo. Les decimos que sí a todo y nos vestimos para la ocasión, también nos maquillamos un poco pintándonos los labios y algo de sombra para parecer mayores.

¾    Vamos a ir a la discoteca de “Los Mellizos”, y mañana te llevo a la de “Juan Patatera”.
¾    ¿Así se llaman? ¾le dije yo sorprendida.
¾    No, eso son los dueños.
¾    ¡Ah!

La discoteca estaba muy cerca, en la plaza de la iglesia. Un poco aburrida, no había mucha gente y estuvimos bailando un rato, luego varios chicos nos invitaron a bailar, pero no como por la mañana, sino muy formales. Aunque éramos el centro de atención, no encontré a ningún chico interesante. Cuando llegaron las doce yo pensaba que nos teníamos que ir, pero Rosy me dijo que su padre se acostaba pronto y su madre se quedaba esperándola, que no pasaba nada si volvía más tarde. Y a esa hora entraron un grupo numeroso de gente que pareció reactivar el ambiente. Entre ellos su hermano Paco y su enamorado. Me presentó a su amor, que se llamaba Juan. Se unieron a nosotros y nos invitaron a beber. Mi amiga pidió un cubata y yo dije que lo mismo. Nunca había probado el alcohol y aquello me entró como un vendaval. Me lo bebí por no parecer tonta... Apenas si lo había terminado cuando Paco me trajo otro. Rosy se había enrollado con su enamorado y bailaban muy acaramelados, besándose de vez en cuando. A mí en cambio me dio por no hablar y me sentía mareada. Paco me sacó a la calle a tomar un poco el aire hasta que me encontré mejor. Al entrar de nuevo me invitó a bailar. El humo y la oscuridad de nuevo me aturdieron y en cuanto me abrazó, parecía que flotaba en una nube. Era más alto que yo, mi cabeza solo le llegaba a la barbilla y opté por pegar mi cara sobre su hombro y dejar que me llevara en el baile. Cuando me saludó por la tarde no llevaba colonia, ahora sí, su aroma parecía emborracharme más. Habían bajado la intensidad de la luz y apenas si se veía. En la segunda canción pegó sus labios a mis oídos y me besó la oreja, luego la mejilla, y después me giró la cara para encontrar mis labios. ¡Mi primer beso Luna! Fue un beso largo y profundo, primero me succionó los labios y yo le respondí como pude, después su lengua buscó la mía y jugamos un rato con ellas. Creo que se me olvidó respirar y tuve que separar la boca para tomar aire. Él no dijo nada, yo tampoco, volvimos a abrazarnos de nuevo pero esta vez sus manos recorrían mi piel jugueteando con mis pezones. En aquel momento si me hubiera desnudado no me hubiera opuesto, pero él si controlaba y lo hacía con disimulo. ¿Sabes Luna? En un momento me pegó tanto a su cuerpo que noté algo muy duro, por donde estaba su entrepierna, pero no me atreví a tocarle, bueno, tampoco estaba yo para mucho, en realidad me encontraba a su disposición. Él lo sabía, dejamos de bailar y me llevó a un rincón donde nos sentamos. Allí estábamos fuera de las miradas de la gente, me besó al mismo tiempo que su mano acariciaba mis pechos y luego metió su mano bajo mi falda acariciando mi pierna y mi  sexo durante un momento. Yo le indiqué que no debía seguir por ahí porque estábamos en un lugar público y volvió a la parte superior de  mi cuerpo ¾¡Dios Luna!¾ ¡No te imaginas como me sentía!, deseaba comérmelo y que me comiera. Cuando más a gusto estábamos encendieron las luces para indicar que iban a cerrar en breve y Paco y Juan se dirigieron a la barra y pagaron lo que habíamos tomado. Rosy se acercó a mí y nos fuimos a la calle a tomar el aire, allí esperamos a nuestros acompañantes. Hacía frío, pero la noche era clara y la luna menguante apenas alumbraba porque estaba terminando su fase, en un par de días nacería la luna nueva. Ya sabes que me gustan todas las fases de la luna, cada fase nos da un ánimo diferente y repercute en cada persona de forma distinta. Esta parecía que a mí me llevaba al romanticismo.

Esa noche Paco me estaba llevando a un estado desconocido para mí. Pero me gustaba. Rosy y yo nos pusimos a charlar mientras los esperábamos.

¾    No me habías dicho que iba a venir Juan ¾le dije yo, sabiendo lo feliz que se sentía.
¾    Su familia iba a Murcia a ver su tío Pepe que está enfermo, pero les ha convencido para ir el lunes a verlo y así estar conmigo el fin de semana. ¡No veas que sorpresa me ha dado!
¾    Me alegro.
¾    Oye, ten cuidado con mi hermano, no vaya a sobrepasarse, que es un capullo.
¾    Ya lo he visto, pero no te preocupes que yo deseo que se sobrepase un poquito.
¾    Bueno, solo un poquito, a mí me encantaría ser tu cuñada, pero tenemos quince años y es pronto para atarnos.
¾    No te preocupes, tú ocúpate de Juan.
¾    Sí, esta noche tengo que hacerle algo para darle un premio por haberse quedado a verme.
Llegaron ellos y comenzamos  a caminar. Yo no sabía por dónde íbamos, pero no era la calle de mi amiga. Pronto estuvimos a las afueras del pueblo, por un camino que parecía bordear las casas, la oscuridad era total y el frío muy intenso. Paco me cogió por la cintura y me atrajo hacía él, Juan y Rosy caminaban unos metros por detrás. Nosotros nos refugiamos en un portal y ellos en otro, al lado. «Aquí no vive nadie» ¾dijeron¾ Solo veíamos nuestras sombras.

 Paco me apoyó sobre la puerta y me besó con fuerza. Luego metió sus manos en mi ropa y me acarició los pechos. Bajó sus labios a mi cuello acariciándome con la lengua y mordiéndome la oreja, provocándome, un placer que me extasiaba. Me levantó el jersey y chupó mis pezones con glotonería al tiempo que seguía acariciando las tetas. Ni siquiera noté el frío que hacía.
Cuando puso su mano sobre mi muslo, mi cuerpo se tensó, tal vez, ¾¡Luna!¾, deseaba y temía al mismo tiempo que ocurriera.

Mientras me acariciaba veía las sombras de ellos en el otro portal. Rosy estaba sentada en el tranco y él de pie, parecía que se la estaba chupando. Ese debía ser el premio que le había concedido.

 Paco conocía las limitaciones, aun así, parecía que intentaba ir a más. Metió sus manos dentro de mis bragas recorriendo la rajita una y otra vez hasta que encontró el clítoris, entonces se centró en él y yo cerré los ojos para sentir mejor. ¾Por supuesto Luna que no tenía comparación a cuando yo me toco¾, sus dedos me daban un placer que los míos no. No sé decirte si tuve un orgasmo o no, me sentía en un mundo de sensaciones que no quería que terminara nunca. Cuando terminé de jadear el llevó de nuevo las manos a mis pechos y su boca volvió a besarme; noté entonces, su miembro duro como un palo rozando mi sexo. Comenzó a moverse golpeándome con él una y otra vez hasta que lo oí gemir y quedarse quieto. Yo me quedé a medias, pero estábamos en la calle, qué podía hacer. Nos arreglamos la ropa y nos sentamos en el tranco de la puerta. Ellos también estaban sentados esperando que termináramos. Nadie decía nada hasta que Rosy dijo que tenía frío. Nos levantamos y abrazados nos llevaron a la casa.

Su madre, tal como ella dijo, dormía sentada en una silla, junto a la chimenea ya apagada. Mi amiga le dijo como excusa que estábamos esperando a su hermano y por eso no habíamos retrasado. Le pareció bien y nos fuimos a nuestra habitación. Me notaba las bragas mojadas y pensaba que era por la excitación, me equivocaba, al quitármelas me di cuenta que se había corrido entre mis piernas. ¡Qué guarro!, bueno en algún sitio tenía que hacerlo. Fui al cuarto de baño y me lavé. Mañana le diré que hubiera preferido hacerlo con mis manos, o con mi boca, aunque no sé si me dará asco.

¿Sabes Luna? Me había encantado, pero todo lo había hecho él, lo único que hice fue besarlo. Hubiera preferido tocar su miembro, todavía no sé qué tacto tiene, bueno sí, que se pone muy dura. Me hubiera gustado acariciarlo y sentir su piel, esperaba que hubiera otras ocasiones. Al menos había encontrado alguien que no le daba miedo el sexo y que me podría enseñar. Rosy ha hecho de todo menos la penetración, claro que ellos llevan más tiempo juntos. Además, los dos están enamorados.

Nos pusimos el camisón de dormir y se lo comenté enseguida:

¾    Tu hermano se ha corrido en mis bragas.
¾    ¿Por dentro?
¾    No. Por fuera.
¾    Qué guarro. Ten cuidado con él, ese no para hasta que te la meta.
¾    A mí no me importaría. Me gusta y esta noche ha sido prudente. Yo le hubiera dejado más.
¾    Pues que no se entere, que es un capullo. A mi amiga Sara la desvirgó el año pasado y luego si te he visto no me acuerdo.
¾    ¿Y ella estaba enamorada?
¾    Se le caía la baba solo con que la mirara. Pero yo se lo advertí. Ahora no va a la discoteca porque en cuanto lo ve se pone a llorar. Ella pensaba que de esa manera lo iba a pillar. Se equivocó, él es un alma libre y no quiere ninguna novia.
¾    ¡Ah!
¾    Hace frío. Me he quedado helada.
¾    Acércate y nos damos calor.

Apagamos la luz y arrimamos nuestros cuerpos hasta que se juntaron. Nos arropamos con las mantas dejando al descubierto solo la cabeza. Recordé a Clara, con ella hubiera hecho el amor, pero tenía claro que Rosy era diferente. Yo me sentía todavía excitada y el cuerpo de mi amiga me lo recordó. Puse mis manos sobre su pecho y apreté una de sus tetas.

¾    Tía, tienes las manos como el hielo ¾me dijo¾ ponte las manos entre los muslos y veras como se calientan rápido.
¾    Ahí tenemos una estufa que nos calienta todo el cuerpo ¾le dije.

En lugar de poner las manos en mis muslos, los puse entre los suyos, ella no dijo nada, separó un poco las piernas y luego las apretó. El contacto de su piel no solo me daba calor sino que me producía una sensación de placer y excitación. Dejé allí mis manos quietas, sintiendo su sexo tan cerca.

¾    ¿Quién te ha enseñado a besar?
¾    Nadie, la primera vez Juan solo me rozaba los labios, pero yo quería algo más y apreté mis labios contra los suyos. A partir de entonces fuimos experimentado. También le pregunté a otras chicas mayores que me dijeron otras formas de besar. Ahora lo hacemos muy bien.
¾    Para practicar ¿has besado a alguna chica?
¾    A otra tía. No, no se me ha ocurrido.
¾    ¡Vamos a probar!
¾    No sé.
¾    Si, será divertido, nadie lo va a saber.

En la oscuridad acerqué mis labios a los suyos y los rocé. Chocamos nuestras narices y jugueteamos con ellas. Volví a besarla esta vez con pasión y ella respondió al beso. Fue un beso muy largo y profundo, luego seguimos dándonos besitos entre risas. Era un juego. Mis manos seguían en su entrepierna y comencé a moverlas frotando su sexo. Ella no dijo nada pero abrió sus piernas y mis dedos buscaron su clítoris, lo acaricié con delicadeza durante un rato. Al mismo tiempo su mano buscó mis muslos para encontrar la entrepierna y llegar a mi vello con el que jugó un momento, luego su dedo buscó mi clítoris y lo frotó al mismo ritmo que yo el suyo. Nuestra respiración se volvió más fuerte, temí hacer ruido, no quería que sus padres nos oyeran y se levantaran. Cuando terminaron nuestros jadeos dejamos las manos quietas y nos besamos con pasión, con mucha pasión.

 Al separar su boca me dijo:

¾    Gracias, me ha gustado, pero pensaré que ha sido un sueño.
¾    Yo también, buenas noches.

Se giró para dormir y yo me pegué a su cuerpo quedándome dormida inmediatamente.
Serían cerca de las once de la mañana cuando su madre entró en la habitación para despertarnos.

¾    Niñas, ya es hora de levantarse. Tu padre y yo vamos a ver a la tía Juana. En la cocina hay tortas y mantecados para desayunar, solo tenéis que calentar la leche. Me voy, que está tu padre esperando.

Quitó las cortinas y abrió los postigos de la ventana. Hacía un sol radiante. También echó hacia atrás las mantas y se marchó con prisas. Rosy se levantó primero y se vistió, yo me arropé y me hice la dormida, pero no me dejó.

¾    Vamos a desayunar, que tengo prisa.
¾    ¿Quién es tu tía Juana?
¾    Una hermana de mi padre, está enferma, luego iremos a verla. Es una visita obligatoria para mí.
¾    Yo prefiero esperarte aquí.
¾    Vale, levántate, desayunamos y luego te vistes. Si quieres puedes quedarte aquí. Es que tardaré un rato, le tenemos que limpiar la casa y la cocina, ella no puede.
¾    ¿Puedo desayunar en camisón?
¾    Claro, en la cocina hay fuego. No te olvides que hace mucho frio.
¾    ¡Vale!

Bajamos y desayunamos un tazón de leche con cola cao y unas tortas de manteca. Al rato apareció su hermano con los pelos despeinados y los ojos casi cerrados. Dijo un buenos días y se preparó la leche, luego se sentó a desayunar a mi lado.

¾    Si queréis, llevo a Carmen María a pasear y le enseño el pueblo. Podemos ir hasta la ermita y le enseño la Pantaneta ¾dijo Paco a Rosy.
¾    ¡Vale! ¾le dije yo, que prefería estar con él.
¾    Bueno, pero cuidado con lo que hacéis… ¿Me oyes Paco?
¾    Si, te la devolveré sana y salva.
¾    Y entera.
¾    Sí, y entera.
¾    ¿Entera? Eso que significa ¾pregunté, ignorante de mí.

Los dos rompieron a reír a carcajadas, yo sonreí al entenderlo.
Rosy se marchó a casa de su tía y nos quedamos solos. Yo seguía sentada en la mesa a pesar de que había terminado el desayuno. Él se dirigió a la chimenea y se puso a echar más troncos al fuego y avivar la lumbre. Cuando las llamas alcanzaron cierta intensidad y daban abundante calor, se sentó en una silla y me extendió la mano, me levanté y fui a su lado. Me cogió y me sentó en su rodilla. Me besó con suavidad y levantó mi camisón hasta sacarlo por la cabeza. Me quedé desnuda, el fuego calentaba mi piel y no sentía frío, sin embargo, me sentía rara, estaba en una casa extraña, podía entrar alguien y sorprendernos así, eso sería un problema para los dos y para mi amiga que me había invitado. Pero esa preocupación se me olvidó en cuanto comenzó a acariciarme. Me hizo levantarme para contemplar mi cuerpo con una sonrisa entre los labios y luego sentarme en sus piernas a horcajadas. Durante no sé cuánto tiempo recorrió mi piel con sus manos y mis pechos con su lengua. Sentía su miembro duro a través de sus pantalones y mi sexo a unos centímetros deseando liberarlo. Pero todavía no había llegado ese momento. ¾¿Sabes Luna?¾, le hubiera dicho que me penetrara en ese instante, aunque mi mente estaba extasiada en el placer y no podía decirle nada. Solo sentía. Creo que él había trazado su plan y no tenía prisa para llegar a la meta ya que el recorrido era todo placentero. Puso mis manos en su cuello para que me agarrara y se levantó conmigo en brazos, dejó caer mi culo sobre una esquina de la mesa, me eché hacia atrás y apoyé los brazos quedándome casi tumbada. Comenzó a recorrer con su lengua desde las rodillas y los muslos hacía mi rajita, cuando alcanzó el clítoris me trasladé a otra dimensión donde solo existía el placer. Recordé la primera vez que me hizo esto Clara, la profesora de francés, y no le doy la razón, los hombres también saben hacerlo. Cuando consideró que estaba preparada se puso erguido y levanté la cabeza para ver cómo bajaba la cremallera de su pantalón y sacaba su miembro duro y tieso. Por fin lo veía y deseaba que entrara dentro de mi cuerpo, no me importaba si la primera vez me haría daño o no, lo deseaba por encima de todo. Entonces se lo guarda y me lleva en volandas junto a la chimenea donde está mi camisón de dormir. Lo coge y me lo pone muy nerviosos, yo, sorprendida, sin saber qué ha pasado quiero preguntarle, pero no me da tiempo.

¾    Viene mi padre, vete a tu habitación y te vistes. Te espero aquí.

En ese momento oí hablar a dos hombres en la puerta de la calle y corrí escaleras arriba. En la habitación, mientras me vestía, oí a su padre preguntarle por mí. Le dijo que estaba en el dormitorio y que íbamos a dar un paseo para enseñarme el pueblo. Me puse un pantalón, un abrigo de cuello alto y bajé, su padre se había marchado de nuevo. Me abrazó y me besó pero sin pretender continuar, creo que él también se asustó.

Salimos a la calle para darnos una vuelta, me llevó a la iglesia y al teleclub, pero los dos estaban cerrados y nos fuimos a pasear por los alrededores del pueblo. A veces parecíamos dos amigos que hablábamos de las cosas que nos gustaban, otras, en ciertos lugares donde era difícil que alguien nos viera, me abrazaba y me besaba. El aire era fresco, pero hacía sol y la mañana era espléndida.

En la Pantaneta, que es una balsa muy grande para el riego, nos sentamos en una orilla sobre la hierba. Sus manos me acariciaban y  luego miraba por si venía alguien. Me enfadé y le dije que se estuviera quieto.

¾    Por la noche buscaré un lugar donde podamos estar solos, «si tú quieres» ¾me dijo.
¾    ¿Me vas a desvirgar como a tu amiga Sara?
¾    Ya entiendo, mi hermana te ha contado el cuento de que me acosté con ella y luego la dejé.
¾    Pues sí, y eso está muy mal.
¾    Pero es que no ocurrió así. Me alegro de que me los hayas dicho. Te contaré la verdad que solo Sara y yo sabemos.
¾    No necesito que me cuentes nada, ahórrate los detalles.
¾    Por favor, no quiero que pienses mal de mí. Déjame decirte lo que ocurrió.
¾    Me importa un pimiento lo que hicieras.
¾    Vale, pero te lo voy a contar, escucha… Sara es amiga de la familia y venía mucho por mi casa, yo sé que le gusto desde siempre, pero yo nunca sentí nada por ella, ni siquiera atracción. Hace dos veranos me perseguía a diario. Yo la ignoraba pero no me servía de nada. Estaba obsesionada conmigo. Un día le dije que tenía que hablar con ella. Mi intención era decirle que me dejara en paz, quedamos en el pajar de mi casa y le dije todo lo que tenía que decirle, que no la quería y que se olvidara de mí. Entonces me dijo que ella no estaba enamorada, que lo que deseaba era que yo fuera el primero. Le dije que no podíamos hacerlo porque se podía quedar embarazada, como la Juanita, que tonteando se tuvo que casar con el novio de prisa y corriendo.

Guardó un momento de silencio, como intentando recordar los detalles.

¾    ¿Pero lo hiciste?
¾    Sí, me sacó un condón y dijo que quería hacerlo. Lo hicimos y luego le pedí que me dejara en paz.
¾    ¿Eso es verdad?
¾    Sí, claro que sí. Lo que ocurrió fue que ella se lo contó a todo el mundo diciendo que yo la había abandonado después de conseguir acostarme con ella. ¿Entiendes?... Yo no quiero hacerle daño y no he respondido a lo que ha contado. Prefiero aparecer como malo a que ella sea señalada en el pueblo. Aquí la gente tiene una falsa moral, un hombre puede hacer lo que quiera y no pasa nada, pero si lo hace una mujer se la trata como puta.
¾    Lo sé, las mujeres tenemos una lucha muy larga y difícil. Con el tiempo conseguiremos que nos respeten.
¾    Me pareces muy madura para tu edad.
¾    Gracias, te creo. Eres muy guapo y es normal que les gustes a las chicas. ¿Has estado con muchas jovencitas?
¾    Ja,ja,ja… ¿Jovencitas?, solo con Sara y ahora contigo… pero sí, he estado con otras mujeres. La primera vez fue con una mujer mayor que me enseñó todo sobre el sexo. No puedo hablar de ella porque es una mujer casada. Luego estuve con varias mujeres en Mallorca, compañeras de trabajo. Nada de amor.
¾    ¿No te has enamorado?
¾    Sí, creo que de esa señora que te he dicho, estuve un tiempo colado por ella. Era un amor imposible y ya se pasó. Fue un amor secreto, creo que no se lo he dicho a nadie, excepto a ti. Ahora me gustas tú, creo que me estoy enamorando de ti. Perdona mi sinceridad.
¾    No te preocupes, a mí me ocurre lo mismo pero no te voy a pedir ningún compromiso. Eso el tiempo lo dirá.

Me di media vuelta montándome encima de su cuerpo y lo besé con pasión, se me había quitado el enfado, entonces oí un griterío a lo lejos. Se trataba de Rosy y dos amigas más que venían por el camino a buscarnos. Los cinco continuamos, subimos al cerro de la Virgen de la Cabeza y nos sentamos a hablar hasta la hora de comer en que volvimos con prisas para no llegar tarde al almuerzo.

Su madre había preparado conejo con arroz, yo nunca había probado ese animal y solo comía arroz, pero no me atrevía a decirle que no me gustaba aquella carne. Él se dio cuenta y me iba cogiendo las tajadas, yo lo miraba con una sonrisa muy sensual. Rosy me lanzó una mirada y un gesto como diciendo: «Mis padres, ten cuidado», me puse seria a partir de ese momento.

Después del almuerzo, sus padres echaban la siesta, para no molestarlos mi amiga cogió el radiocasete y nos fuimos al pajar, que ahora era un trastero que apenas se utilizaba, a escuchar música. Se llevó varias cintas que le habían grabado de la discoteca y nos pusimos a bailar, pues allí hacía frío y era mejor moverse. Al rato vino su hermano con un libro y se sentó junto a una ventana a leer. Yo le dije a Rosy al oído, que se marchara, que quería estar a solas con él.

¾    Os dejo media hora, no quiero que papá se dé cuenta y me eche a mí la culpa.
¾    Tranquila, que no va a pasar nada ¾le contestó él.
¾    Eso espero.
Se marchó de mal humor, ¾ya se le pasará¾ pensé yo. Me senté también en la ventana y le quité el libro, me miró sonriente diciendo:
¾    ¿Qué quieres de mí Carmen María?
¾    ¡Quiero que me hagas el amor de una vez!
¾    Lo siento, perdóname, lo he preparado para esta noche en una casa vacía de un amigo. Ya está todo listo. Nos esperáis en la discoteca. Os recogemos y os llevamos a esa casa. Allí nadie nos molestará ni nos interrumpirá.
¾    ¿Los cuatro?
¾    Sí, los cuatro.
¾    No te importa que tu hermana vaya con un hombre.
¾    Mi hermana ya sabe lo que quiere, igual que yo. Además Juan y yo somos amigos. Mi hermana le gusta desde chiquillo.
¾    De acuerdo, ¿pero te puedo besar?
¾    Puedes y debes.

Me senté entre sus piernas y lo besé suavemente, el respondió con fuerza, entonces salté y salí corriendo, me atrapó enseguida y nos caímos encima de unos sacos viejos, Nos revolcamos como niños mientras nos acariciábamos y nos besábamos. Me di cuenta que me estaba ensuciando la ropa y se lo dije. Volvimos a la ventana. Yo me senté y él quedó de pie junto a mí. Llevé mi mano a su entrepierna y le acaricié su miembro que ahora parecía flácido. El, desabrochó el botón de su pantalón y bajó la cremallera, los pantalones cayeron al suelo. Ahora solo nos separaban unos calzoncillos blanco que bajé con curiosidad. A la vista quedó su miembro, flácido, parecía triste. Lo atrapé con mi mano y en segundos se puso rígido, comencé a menearlo con rapidez. Él me sujetó la mano.

¾    Si continúas así me correré en un momento.

Me paré en seco, no, no quería que eso ocurriera. Quería jugar, quería darle placer como antes me había dado a mí. Le acaricié los testículos, tenían un tacto sedoso, parecía que tenían una bolita en su interior. Comprobé que también le gustaba. Le puse las manos en su culo y acerqué su cuerpo hasta mí. Ahora lo tenía a unos centímetros de mi cara. Saqué la lengua y le lamí el glande. Le acaricié con mi lengua de abajo hacia arriba una y otra vez sin dejar de mirar su cara extasiada. Tenía los ojos cerrados. Metí la punta en mi boca y comencé un movimiento succionador de arriba, abajo. En un momento le oí decir: «no puedo aguantar más», pero no fui consciente de lo que significaba hasta que un chorro caliente me golpeó la garganta, saqué su miembro de mi boca pero seguía escupiendo líquido sobre mi cara. Paco se disculpaba nervioso mientras se subía los pantalones. Cogió rápidamente un pañuelo de su bolsillo y me limpió. Yo comencé a reír a carcajadas por la situación tan esperpéntica que acababa de sufrir. Se arrodilló y me besó la boca para callar mi risa.

¾    Perdóname, el placer me ha atrapado y no he podido reaccionar. Si es la primera vez, debería haberte advertido.
¾    No te preocupes, no ha pasado nada, ya sabía que pasaría eso pero me ha pillado de sorpresa.
¾    ¿No estas enfadada?
¾    Por supuesto que no, quería hacértelo, deseaba hacerlo. Ahora sé el sabor que tiene y no me ha dado asco. ¿A ti te ha gustado?
¾    ¡Dios!, claro que sí, pero cuando notes que me voy a correr debes sacarla y menearla con la mano. Pero ponla en otra dirección para que no te manche.
¾    Vale, la próxima vez no me pillaras de sorpresa.

Seguíamos abrazados cuando entró Rosy.

¾    ¿No me digáis que os estáis enamorando?

No le contestamos, seguimos unidos deseando estar así toda la vida. Rosy puso de nuevo la música y bailó sola durante un rato. Luego volvimos a la casa y nos sentamos en la chimenea para calentarnos. El frío seguía siendo intenso. Deseaba que llegara la noche.





A la cena tampoco vino Paco, parece ser que nunca cena con la familia. Sus padres se lo consienten, a Rosy no. Para salir me puse un vestido rojo con una falda ancha y unas braguitas rojas, estaba segura le encantarían a Paco. Me vestí para él. No me puse medias pensando en que me las rompería y luego me arrepentí al sentir el frío de la calle. Mi amiga se puso un vestido azul también muy bonito y las braguitas a juego.

Nos sentíamos muy guapas y lo comprobamos al llegar a la discoteca de Juan Patatera. Los hombres no tenían otra cosa que hacer que mirarnos, bueno, las chicas nos miraban igualmente. Nos sentamos y esperamos a nuestros romeos.
No habían pasado más de cinco minutos cuando llegaron. No disimuló nada, me besó en la boca como saludo y me dijo que estaba guapísima, me cogió de la mano para sacarme fuera. Rosy y Juan salieron detrás de nosotros y nos fuimos paseando, abrazados, hasta la casa que habían preparado para nuestro encuentro.

La chimenea estaba encendida y la temperatura en el interior era agradable. Además habían traído dos estufas de butano para las habitaciones. No querían que sintiéramos frío. En el aparador, encontramos cervezas, ginebra, vodka, licores, coca cola, fanta de limón y de naranja. Habían tirado la casa por la ventana. También habían llevado un radiocasete con muchas cintas de música lenta. Rosy, que se lo esperaba, llevaba en su bolso una cinta de música de la discoteca y fue lo primero que puso. Pasamos de cerveza y todos nos pusimos un cubata de ginebra con coca cola. Para romper el hielo nos pusimos a bailar en círculo mientras bebíamos, contábamos chistes y nos íbamos calentando. A pesar de mis malos recuerdos de los cubatas de la noche anterior, me sentía bien y me entraba sin problemas. Estuvimos distendidos un buen rato hasta que decidí cambiar de música, los hombres aplaudieron la elección.

Curiosamente, el primero que me cogió para bailar fue Juan y Paco bailó con su hermana. A la segunda canción cambiamos de pareja y aquello se fue entonando. Juan apagó las luces y nos quedamos con la iluminación del fuego y las velas, eso le daba un ambiente romántico. Los cubatas se fueron sucediendo y a la medianoche estábamos un poco borrachos. Los besos y caricias se volvieron cada vez más apasionados y cada pareja se fue a su habitación. Los hombres se habían currado muy bien la ambientación. Querían que nos sintiéramos a gusto y lo estaban consiguiendo. La cama estaba llena de folios con dibujos de corazones y las palabras “te amo”, “te deseo”, “amor”. La estufa tenía caldeada la estancia a pesar del frio que hacía en la calle. Sobre las mesitas unas velas de varios tamaños que producían un olor como a rosas.

Paco apagó la luz y quedó la iluminación de las velas olorosas. Primero me abrazó y me besó profundamente. Su lengua jugó con la mía un rato. Luego me desnudó despacito, era la segunda vez que lo hacía, pero en esta ocasión no nos iban a interrumpir. Me dejó caer sobre la cama y se dispuso a recorrer mi cuerpo con sus manos y su lengua. Mis pezones se erguían contentos en su boca. Lo dejé hacer hasta que mi cuerpo explotó de placer en lo que creo que fue un orgasmo superior a los que había sentido hasta entonces. Aún jadeante me levanté y lo tumbé boca abajo, recorrí su espina dorsal con mi lengua y le mordí el cuello como si fuera una vampiresa, no se resistió. Luego le di la vuelta y seguí mis caricias por todo su cuerpo. Su miembro, duro y erguido desde que lo desnudé, se encontraba ahora semiflácido. Lo saludé con mi lengua y lo succioné, pero parecía cansado, le hice de todo pero no reaccionaba. Se sentó sobre la cama y me dijo:

¾    Creo que he bebido demasiado ¾me dijo con la voz quebrada.
¾    Paco, no me jodas con esas, que deseo que esta sea una noche especial.
¾    Lo siento, es la primera vez que me ocurre.
¾    ¿No te habrás masturbado antes de venir aquí?
¾    Sí, dos veces, no quería que me pasara como esta tarde. Quería durar toda la noche.
¾    Está bien. Descansamos un rato y luego probamos otra vez.
¾    ¡Sí, por favor!

¡Joder Luna!, que mala suerte, ahora que podemos nos pasa esto. Bueno, ya había oído hablar que a algunos hombres les pasa a veces. El alcohol es malo para el sexo. No sabía que decirle ni cómo actuar. Él no decía nada, solo me pedía perdón.

¾    No te preocupes Paco, si podemos lo hacemos y si no, mañana, pero yo no me voy virgen de este pueblo, ¿me oyes?
¾    Gracias, lo siento.

Dejé caer mi cabeza sobre su pecho y le mordisqueé sus pezones. Unos gemidos procedentes de la habitación de al lado comenzaron a oírse cada vez más fuertes, acompañados del traqueteo de la colchoneta. Al principio eran pausados y parecían de dolor, luego de mezcla de dolor y placer y finalmente se hicieron continuos y escandalosos. Rosy estaba disfrutando de los lindo. Un fuerte traqueteo nos indicó el final de la escena que no veíamos pero que nos imaginábamos. Nos miramos sonriendo y nos besamos, bajé mi mano hasta su entrepierna y me tropecé con un miembro duro.

Sin pensarlo, cogí de la mesita un condón y se lo coloqué rápidamente, nunca lo había hecho antes pero me salió a la primera. Salté sobre él y me lo introduje en mi vagina. Comencé un movimiento suave y rítmico que me fue aumentando el placer. Lo cabalgaba como una amazona experta, nada de dolor ni siquiera de molestia. Durante un rato me moví a mi ritmo y noté su alegría y su placer. En un momento dado me dio la vuelta y se puso encima dispuesto a cabalgarme. Al primer envite grité como una condenada, fue un grito de dolor que debió oírse en toda la casa. Los dos pensábamos que ya debía de tener roto el himen y no era así, se rompió al ponerse él encima y empujar con fuerza. Paco se quedó quieto, pero yo le pedí que siguiera. Comenzó de nuevo muy suave, pero ya no me dolía y mis caderas comenzaron a moverse indicándole el ritmo. Yo aumenté mi placer pero cuando estaba en la cumbre bajaba sin saber por qué. Él se dio cuenta y cambiábamos de postura. Eso me gustó, a cada cambio me dolía un poco mientras la introducía, pero al momento, mi placer comenzaba a subir aunque no terminaba de cuajar. Subí infinidad de veces sin que llegara el orgasmo. Finalmente el pobre ya no pudo aguantar más y comenzó un ritmo frenético que me provocó un intenso placer. Paco comenzó a gemir y se convulsionó hasta que se quedó quieto.

¾    ¿Has llegado? ¾me preguntó.
¾    He llegado muchas veces. Gracias. Me ha gustado mucho ¾ le dije yo, en realidad había llegado al orgasmo antes de la penetración, a lo mejor eso y el parón, ha condicionado que luego no llegara, pensé para mí.
¾    A mí también. Por un momento creí que no iba a poder. Finalmente todo ha salido bien.
¾    Sí.  Todo ha salido bien. Gracias por darme esta noche.
Llamaron a la puerta y Paco cogió la colcha del suelo y nos tapó, entraron Juan y Rosy, ya vestidos, sonriendo. Mi amiga miró a su hermano y le dijo:
¾    Eres un bestia, que hemos oído el grito de dolor de Carmen.
¾    Y los gemidos de placer antes y después ¾dijo Juan.
¾    Ja, ja, ja, no fue culpa suya, no me dolió al principio y pensábamos que ya estaba. Cuando él me dio un empujón, creí que me iba a desmayar de dolor pero solo fue un momento. Pero vosotros también habéis estado muy bien ¾les dije yo.
¾    Ha sido genial. Vestíos que son cerca de las seis de la mañana, si papá se levanta antes de que lleguemos se va a enfadar y soy yo la que paga el pato.
¾    Nos vamos enseguida, no te preocupes que si ocurre algo yo asumiré la responsabilidad ¾le dijo cariñoso su hermano.

Cuando salimos ellos lo tenían todo ordenado, habían barrido y guardado en cajas todo lo que había sobrado. Nos marchamos y tuvimos suerte, su madre se había acostado y su padre todavía no se había levantado. Estábamos en la cama cuando lo oímos bajar las escaleras. Aunque era domingo y no iba a trabajar al campo, no perdonaba su visita al bar, al amanecer, para tomarse su copilla de aguardiente y charlar con los amigos.

Rosy yo aún tardamos en dormirnos cuchicheando nuestras impresiones sobre nuestra primera vez. Cuando su madre nos llamó para ir a misa no podíamos con nuestra alma. Nos levantamos y fuimos, aunque pasamos todo el tiempo medio dormidas con los ojos cerrados. Cuando volvimos nos fuimos a la habitación y nos acostamos de nuevo.


Por la tarde su padre me llevó de vuelta a Guadix. 

A Paco no lo he visto desde que se despidió de mí en la puerta de su casa, antes de entrar. Creo que me he enamorado, pero ya le dije que  no quería ningún compromiso. Nada de novios ni de cosas así. Aun así tengo dudas de cómo irá nuestra relación. Tal vez no venga a verme nunca y me olvide de él. No sé mi querida “Luna Sinusoidal”, el tiempo me lo dirá y entonces te lo contaré a ti, si es que hay algo que contar. Ya sabes que te lo cuento con señales y pensamientos. Te dejo, menos mal que estoy de vacaciones porque llevo tres días escribiendo esta aventura para que tú la conozcas al detalle. Te quiero Luna.  

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