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UNA GUERRA SENCILLA

UNA GUERRA SENCILLA es una novela sobre la guerra civil española y la posguerra.

NADIE AMABA A FEDERICO GARCÍA LORCA COMO YO

NADIE AMABA A FEDERICO GARCÍA LORCA COMO YO es una novela sobre la muerte del poeta al comienzo de la guerra cuvil española.

ANIK

ANIK es una novela de fantasía en la que una joven recibe un medallón mágico que le otorga unos poderes extraordinarios.

LA PIEDRA DE SCONE

ANIK sigue luchando para continuar su vida normal y no perder el amor de su vida en su lucha contra los seres alados.

LA INVASIÓN DE LOS REINOS DEL HIELO

El planeta Tierra es atacado por seres de otras dimensiones y ANIK y sus hijos son la clave para defender la tierra y a sus aliados.

80 HISTORIAS DE TU AMOR Y EL MÍO

80 HISTORIAS DE TU AMOR Y EL MÍO es el primer poemario de la TRILOGÍA DEL DESAMOR.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Día Internacional de la poesía 2012



La luna está menguante
y aún te llena de fuerza
en esta noche valiente
clara y burlesca.

Pero acuerdate que te quiero.

¿Te sonríes?, no importa, nadie sabe
que la luna te llena de fuerzas.

Pero acuerdate que te quiero.

Yo, te entrego mi alma sencilla
y te dejo sentir mis sueños,
en ella va mi vida 
llena de recuerdos.

Pero acuerdate que te quiero.

¿Te sonríes?, no importa, nadie sabe
lo que yo sueño.

Pero acuerdate que te quiero.

lunes, 19 de marzo de 2012

TÚ



¿Poesía?
-tus ojos-
¿Amor?
-tu silencio-
¿Amistad?
-tus palabras-

Día a día
mía a mía:
tú.

Vida a vida
sueño a sueño:
tú.

Poesía a poesía
palabra a palabra:
tú.

Amor a amor
silencio a silencio:
tú.

sonrisa a sonrisa
amiga a mi sueño:
tú.

Tu nombre.

(Año de 1976)

sábado, 17 de marzo de 2012

La tormenta




Se oía silencio al llegar a la cueva del Coto, el aire sabía a soledad, tal vez por eso me gustaba ir y sentarme en una piedra al sol para soñar con Preciosa. Pero aquella tarde hacía frío, aún con el sol salido. Al fondo el pequeño manantial de los Cobos luchaba por seguir su camino entre la hojarasca. Aquella canción de agua llenaba mi corazón helado de sueños inacabados.
 Mi cuerpo pareció estremecerse, abrí los ojos y todo estaba oscuro; unos negros nubarrones habían llegado por el barranco del Negro y ocupado todo cielo, «parece que va a llover», un bestial trueno sonó en la cueva y comenzó a llover a cántaros, me levanté de aquella roca y me trasladé al interior, «aquí no llueve». De pronto, una duda angustió mi alma, «¿y si llueve mucho y sale la Riá por el Ramblón  y no puedo cruzar para ir a mi casa», mi cabeza seguía dándole vueltas al asunto «esto tiene mala pinta, me voy a casa, es mejor mojarme que quedarme aislado». Dejé allí la libreta y el bolígrafo escondido en un agujero tapado con una piedra y bajé el barranco hasta llegar al Camino del Coto. En pocos minutos el barro ocupaba todo el camino y los pies se me pegaban al suelo; La oscuridad que se había formado y los continuos relámpagos me llenaban de terror, pero debía continuar, agaché la cabeza bajo esa lluvia torrencial y con paso rápido llegué pronto al Ramblón, me dio alegría comprobar que apenas si llevaba un poco de agua, pasé por las piedras puestas para no mojarse los pies aunque en este caso iba empapado en agua.
Al pasar por la fuente de la Pocilla no pude evitar, a pesar del agua que caía del cielo, agacharme y beber un trago que mojara también mi garganta. En ese momento dejó de llover, cuando llegué a mi casa, unos cientos de metros después, ya había salido el sol. Al entrar, mi madre se asustó al verme con esas pintas, me llevó a mi habitación con rapidez y me sacó ropa seca para cambiarme, mientras me desnudaba me trajo unas toallas para que me secara. Me vestí con ropa seca y me fui a la Cámara Larga, mi lugar de lectura y escritura en casa, a seguir escribiendo. Los gritos de la gente en la calle, llamaron mi atención: «Ha salío la Riá del Ramblón», miré por la ventanas hacia el Prao y vi como el agua se desbordaba del cauce del río, salí corriendo a la calle y seguí a la gente que se dirigía a la Pocilla,  nos acercamos hasta las proximidades del Ramblón para ver el espectáculo. Comenzaba a llegar toda el agua que había caído por los ramblones del Sabucal, del Pantano, de Atascadero, de la Sierra etc… después de un rato allí, nos fuimos a ver si salía la Rambla, y efectivamente, comenzaba a subir el nivel del agua que provenía de otras ramblas y desaguaban en esta. Por fortuna, el agua caída en la zona de la Rambla y Cerro Blanco había sido menor y las dos riás no se habían juntado. El pueblo se había salvado de una inundación, gracias a las obras que habían hecho en los dos cauces que atraviesan Huélago. El espectáculo me había dado hambre y me fui a casa a comerme un bollo de aceite con pasas que solía ser mi merienda habitual.

martes, 6 de marzo de 2012

AURA NOS CUENTA SU PRIMERA VEZ

Aura es una chica de 18 años que hace su primer año de filosofia en la Universidad de Granada, su vida se centra en sus estudios al margen de los chicos, pero una noche conoce a Edgar en una fiesta Erasmus y su percepción de las cosas cambia, Edgar la acompaña y sin querer terminan en el piso de ella:




Cuando entramos en el piso nos dio la risa tonta y me di cuenta de que estaba muy nerviosa, ¿por qué? Me encontraba rara, nunca había tenido ese deseo de besar a alguien y más que besar comérmelo, «ahora deseo comérmelo. ¿Por qué? ¿Por qué? Desde luego no lo voy a hacer, si él quiere algo que dé el primer paso, ¿no me da la gana de ser la primera? No, no, no quiero que él tenga una mala impresión de mí, ¿por qué lo he invitado a subir? ¿Acaso quiero conquistarlo?» Los nervios aumentaron mis ganas de orinar y me metí en el cuarto de baño, al menos me apartaba un poco de él. Lo dejé solo. «¿Qué hará? –Me preguntaba– ¿examinará el piso?». Me demoré un poco, necesitaba relajarme y sentirme normal, como yo soy. En realidad no quería enfrentarme al sentimiento que su presencia me producía. Cuando me miraba mi voluntad desaparecía y me sentía tonta, empaná. Respiré hondo y decidí enfrentarme a él, me lo encontré fregando los platos, de alucine, ¡qué vergüenza!, había estado toda la tarde tumbada en el sofá con una flojera tremenda, y no había tenido ganas de fregarlos «ya lo haré el sábado que tengo tiempo» de todas formas iba a estar sola, nadie lo iba a ver. Mi madre tenía razón, «tienes que tener la casa siempre limpia por si viene alguien, que cuando menos lo esperas se presenta la visita» me decía, y ahora tenía la visita fregándome los platos. Pensé en excusarme pero me pareció que era peor. Lo mejor era no darle importancia, y para compensarle le haría algo de comer, dijo que tenía hambre, «¿hambre? ¿Cómo puede tener hambre de noche? ¿Y qué le hago de comer?, pobrecillo, lo mismo no ha comido en todo el día, ¿podría hacerle una sopa de sobre que tengo en el armario? El lunes en cuanto abran las tiendas compro comida de sobra para que no me vuelva a pasar esto» pensaba avergonzada. Finalmente adivinó que no sabía hacer de comer, me pidió huevos para hacerse una tortilla, menos mal que Clara tenía y se pudo hacer la  tortilla porque yo no tenía ni idea, bueno, he visto hacer pero nunca las he hecho, «si le gustan ¡tendré que aprender!,  ¿y por qué? ¿Y yo por qué le tengo que hacer de comer? ¡Que se haga él!». Lo vi muy ágil en la cocina. «¡Qué maravilla! Seguro que plancha, lava la ropa y limpia la casa. ¡Y está buenísimo! ¡Es un buen partio! Pero que perra, ¿qué pienso? ¡Dios mío, qué nervios!».
Cuando terminó de comer me puse a fregar los platos, no quería que me volviera a pasar de nuevo lo de antes y entonces ocurrió: él se acercó por detrás y me abrazó, ya estaba claro que le gustaba y que quería besarme, entonces me volví y lo besé con pasión, nunca pensé que estaba tan hambrienta de besos. «¡Quieta! no debes ir por delante», –me decía– pero al momento se me olvidaba, «esto no, esto no», cuando quise acordar estaba desnuda, tumbada en la mesa de la cocina ¡anda que si me vieran mis amigas! Seguro que no volvían a comer aquí. Yo flipaba ¡ Menuda película!
  • No iras a… –no me dejó terminar.
  • No, tranquila, no te preocupes, confía en mí.
No tuve tiempo de más, su lengua recorría mi cuerpo y me transportó a una dimensión desconocida para mí, cerré los ojos para centrarme en el placer, algo me hacía confiar en aquel chico que acababa de conocer. Cuando llegó a mi zona íntima quise levantarme para expulsarlo de ese lugar tan personal, pero mi cuerpo no quería abandonar aquel placer que me envolvía y lo dejé hacer sin oponer ninguna resistencia. Él sabía hacerme lo que siempre había soñado. Pero y él ¿acaso no tendría que hacerle lo mismo? Quería verlo desnudo y acariciarlo, ¡comérmelo! quería hacer el amor ¿Y por qué no? «Sí, sí, eso es, quiero, sí, quiero», y entonces le dije:
  • Llévame a mi habitación.

Mi habitación era mi kely, mi casa, y quería que el hombre con el que hiciera el amor por primera vez me llevara en brazos, ¡como en las películas! Edgar me cogió en brazos y me llevó dejándome con suavidad en la cama.
  • ¡Ahora me toca a mí! –le dije mientras me enganchaba a su cuello y lo besaba largamente.
Comencé a quitarle el jersey, la camisa, la camiseta, me resultó extraño que él también estuviera sudando, tal vez estuviera nervioso o tal vez hiciera calor. «¿Estará alta la calefacción?, ¿se encontrará a gusto?, si le pregunto pareceré tonta, mejor me callo», y continué quitándole la ropa. Edgar se dejaba hacer, parecía que estaba en una nube. Su aroma seguía envolviéndome. Comencé a darle besitos por todo el cuerpo bajando hasta el ombligo. «¿Lo estaré haciendo bien? ¿Y ahora qué hago? Tengo que seguir». La batalla interior no cesaba, pero el deseo iba ganando terreno. Le quité los pantalones y los calzoncillos y me quedé empaná mirándolo. «Normal, si nunca había visto esto antes»
  • ¿Pasa algo tía? –preguntó él preocupado.
  •  Nunca había visto un hombre totalmente desnudo –le dije acariciándole la entrepierna.
Por supuesto que no le pregunté todo lo que se me ocurría en la cabeza, no quería que pensara que no sabía nada de los hombres, la verdad es que de sexo solo sabía lo que había estudiado y lo que había oído a mis amigas, pero de práctica nada de nada. Comencé a acariciarlo y su cuerpo se estremeció.
  •  No…, no…, más despacio –me dijo con la voz alterada por el placer.
Le hice caso, él cerró los ojos y me dejó hacer «esto es más fácil de lo que pensaba» comencé a darle besitos, mientras de reojo, miraba a Edgar que seguía con los ojos cerrados y tenía una cara de placer que me hizo sentirme feliz, «mejor, no quiero que me vea, parece que le gusta.  Sí, creo que sí, a mí también, ¡me apetece!, se lo voy a pedir»
  •  ¿Te gustaría hacer el amor conmigo? –le pregunté.
  •  Sí…pero no podemos.
  • ¿Por qué? –pregunté muy ingenuamente.
¡Qué marrón! el pobre no llevaba condones, muchos de sus amigos los llevaban por si acaso, se notaba que no estaba acostumbrado a ligar.
  •  Yo sí tengo. Me los regalaron en mi cumpleaños para reírse de mí, fue Clara que es muy picarona, pero yo los acepté y los guardé, nunca se sabe.
  • ¡Guay!
Fui a buscarlos al armario, donde los tenía escondidos por si acaso venían mis padres y los veían, entonces necesitarían muchas explicaciones ya que ellos no aceptaban la vida moderna. Los cogí, saqué uno de la caja y se lo di «espero que sea fácil ponerlo, bueno él debe saberlo» pensaba, pero Edgar tampoco los había usado nunca. Estaba nervioso y lo deslió todo, luego no podía ponérselo, a mí me dio la risa pero me aguanté para no estropear la noche.
  • Espera, coge otro, lo colocas y lo vas desliando poco a poco –fue haciéndolo mientras lo decía.
  • ¡ Guay!
  •  Ahora sí, ya podemos hacerlo, pero primero acaríciame como antes.
Me acarició durante un buen rato hasta que mi cuerpo volvió a estar a punto, estaba besándome, jugando con mi boca al tiempo que se restregaba en mi entrepierna y de pronto ocurrió. Se me escapó un pequeño chillido, más por la sorpresa que por el dolor y Edgar se quedó quieto.
  • ¿Te hago daño?
  • Sigue, vas bien.
Claro que iba bien, estaba dentro de mí y todo había sido más fácil de lo que había imaginado, ¿Para qué tanta preocupación? Mi placer subía y bajaba pero no llegaba al final, Edgar se movía con un ritmo suave y en un momento dado solo tuvo tiempo de decir.
  • ¡No aguanto más!
Al tiempo que decía eso comenzaba un ritmo frenético. Yo me quedé sorprendida por ese cambio de ritmo y sentí como el placer me elevaba y explosionaba en una violenta sacudida que terminó en un aullido que debió oírse en todo el bloque. Edgar se quedó quieto, un poco avergonzado por el ruido que acabábamos de producir.
  •  Lo siento, no quería hacer tanto ruido.
  •  Ni yo.
Edgar se quitó el condón y lo dejó caer al lado de la cama, había sido mi primera vez y mi primer orgasmo, no sabía que las dos cosas podían venir juntas. Descansamos un rato en silencio, mi curiosidad no había cesado y me puse a investigar, bueno, si había perdido la vergüenza era la oportunidad de hacerlo.
  • ¿Lo habías hecho antes? –le pregunté con curiosidad.
  •  ¡Qué dices tía!, es la primera vez. Hasta ahora no había tenido oportunidad, bueno tampoco la había buscado.
  •   A mí me ocurría lo mismo. Quería que la primera vez fuera con un hombre del que estuviera enamorada.
  • ¿Y estás enamorada? –la pregunta me pilló de sorpresa.
  •  ¡Joder, y yo que sé!, te acabo de conocer. Pero desde el primer momento me encuentro a gusto contigo. ¿Y tú?
  • Yo también, estoy sorprendido porque parece que te conozco de toda la vida. Creo que estoy enamorado.
  • No te precipites, es pronto para decir eso, no quiero que por haberme acostado contigo te sientas obligado. ¿Sales con alguna chica, no quiero causarte problemas? –trataba de parecer responsable, en realidad estaba temblando y preocupada por lo que había ocurrido.
  •  No, nunca me he enamorado. He salido con algunas chicas, pero nada serio.
  •  No me lo creo, le debes gustar a muchas chicas.
  •  Y tú a muchos chicos –dijo tocándome la punta de la nariz.
  •  Sí, pero no les he hecho caso.
  •  Yo tampoco…Siempre supe que cuando me gustara una chica lo notaría enseguida… y esta noche lo he notado…
  •  ¡Ehhh!, ya está otra vez, ¿cómo lo haces? –exclamé al notar su nueva excitación.
  • Yo no hago nada.
  •  ¿Te mola hacerlo otra vez?
  • ¿No te dolerá? –dijo preocupado.
  • Antes no me ha dolido, ha sido estupendo. Me he sorprendido cuando has entrado dentro de mí, pero al momento parecía que éramos un solo cuerpo. Me siento feliz.
  •  ¡Yo también! ¿Sabes que hoy es mi cumpleaños?
  • ¿Cómo lo voy a saber? ¿Cuántos cumples? –me puse melosa.
  • Veinte.
  • ¿Veinte? ¡Mola!, bueno, eres muy viejo, tío. El lunes te compraré un regalo, ahora somos amigos.
  • El regalo ya me lo has hecho ¡amiga!, ¿Cuántos años tienes tú? –me preguntaba al tiempo que me besaba.
  •  Dieciocho.
  •  Me molan tus dieciocho años.
Comenzó de nuevo a recorrer mi cuerpo con sus labios y su lengua, amándonos durante toda la noche. Ya por la mañana, tenía que ir al cuarto de baño, al levantarme me horroricé cuando descubrí que las sábanas estaban manchadas de sangre. Me asusté un poco y las quité rápidamente. Pero mi preocupación se centraba en que si se enteraban mis amigas se enterarían mis padres y vaya marrón.
  • Tengo que lavarlas para que se sequen antes de que vengan ellas.
  • ¿Y qué más da?
  •  No quiero que se enteren, que son muy cotillas y enseguida todo Guadix lo va a saber. Me voy a duchar –dije intentado parecer despreocupada.
  • Y yo también, espera y nos duchamos juntos.
  •  No, no, si quieres te duchas mientras yo hago la cama, luego me ducho yo.
  •  Ni pensarlo, hoy lo compartimos todo, y si tú quieres lo compartiremos toda la vida –decía mientras me abrazaba.
  • Tío, no me rayes, que vas muy deprisa, tendremos que pensar qué ha pasado. ¿No te parece?
Edgar me volvió a abrazar y comenzó a besarme, recorriendo a un tiempo mi cuerpo con sus manos, yo me quedaba de nuevo apalomá y me dejaba hacer.
  • ¿Decías?
  •  Me rindo, si me besas ya no pienso. Así que déjame que haga la cama y tú te duchas.
  •  Vamos los dos, la bañera es grande –dijo muy meloso.
Me cogió de la mano y me llevó hasta la bañera, abrió el grifo del agua caliente y nos metimos bajo la ducha, comenzó a besarme al tiempo que nos enjabonábamos, cuando sus manos llegaron a mi sexo y sentí que me volvía loca de nuevo, no tuve más remedio que pararlo con energía.
  • ¡Vamos a ducharnos, y luego a dormir!
  • Es que no puedo dejar de acariciarte.
  •  ¡Te voy a castigar si no te estás quieto! –le amenacé.
  •  ¿A no dejar que te acaricie?
  • A que no dejes de acariciarme el resto de tu vida.
Tuve que ponerme seria porque no se estaba quieto. No había pensado antes que un hombre fuera tan pesado, pero en el fondo me gustaba ejercer esa atracción, ¿los demás hombres serian igual? No me importaba, solo quería estar con uno. Me sentía contenta, muy feliz. Ahora no entendía por qué estaba tan preocupada para cuando llegara el momento. Tal vez por eso no salía con chicos que yo sabía que solo querían eso.  «Sin embargo esta noche todo ha sido natural, ha ocurrido lo que tenía que ocurrir y sin haberlo planeado». Esa noche flipé con todos los colores del arco iris. Mi primera noche con un hombre había sido perfecta.  

(Fragmento de "Hijo de la Luna Negra")

viernes, 3 de febrero de 2012

CON EL CORAZÓN HERIDO

1976.- 19 años.


CON EL CORAZÓN HERIDO

Con el corazón herido, siento el cantar
de esta oscuridad que reposa
en cada tarde que te vas
para que tus besos no lleguen a mi boca,

Pausado tiempo de infinito
donde tiembla mi pensamiento
por el cansancio, adormecido,
de sentir lo que siento.


Y yo, tiemblo como la amapola,
la quiebra de estas oscuridad,
dolorosa noche, que sola,
hasta mañana no volverá a estar.

*****


Llueve silencio sobre mi cabeza parda, negros nubarrones oscurecen mi alma.

Llega la noche y las cosas opacas. El silencio es roto por el tic-tac del reloj. Noche de silencio. El estómago se escoge cuando lo desborda el silencio, ríos de silencio llegan a mi cama.

¡¡¡Soledad!!! ¿Por qué has vuelto?

A veces mi poesía no es poesía, es llanto que llora, besa y chilla para transformarse luego en lamento.

Ayer, no sé cuándo, el monótono frio cortaba la tarde, que recuerda cuando fue primavera, un día de sol con vieja solera. El sol bello de felicidad arde.

En el frío se esconde el sol cobarde, el invierno sonríe a su vera, acariciando al que perdón pidiera, a todos los que pasean por la tarde. ¿Y por qué esta noche de verano me recuerda el invierno?, tal vez porque tiemblo de frio o tal vez sea de dolor.

Son impresiones de la noche donde rueda callado el silencio, donde corre veloz el bosque, donde las estrellas tiemblan de miedo.

Y después…. Descansada ya la noche, parece que el día brote, descansado ya el silencio, ahora pide un beso.

He olvidado las estrellas, ¡que malo, son tan bellas! Morena de ojos tiernos, blanda como neblina, sutil de agua tan fina, que en la mañana veo. Carbón, ¿tiznas mi cara?

Yo quiero ser oloroso, como tu negro pelo, como el aire del romero, como la fragancia de tu beso. Carbón, ¿tiznas mi alma?

Yo veo primaveras, naciendo en las estrellas, morena, compañera, ¿no quieres lo que sueño?
Morena.

Y después lloré silencio, cuando olvidadas palabras, llegaron a mi corazón para decirme: «no te quiero».

Más tarde quise sonreír, quizás cabalgando sueños, sobre locas madreselvas que me decían «te quiero»

Y después amé el silencio de esta noche que me llevó al  infinito del amor, donde moras tú y mi corazón herido.
Morena.




viernes, 27 de enero de 2012

Mi primer viaje en tren




A los diez años nunca había viajado en tren, bueno, no había viajado en nada. Nunca había viajado. En la primavera de 1967 realicé mi primer viaje lejos del pueblo que me había visto nacer. Aquel día estrenaba ropa nueva, mi madre me había cortado y cosido unos pantalones con una tela de otros pantalones viejos de mi padre, naturalmente sabía escoger la parte de la tela que no estaba desgastada ni rota. También había comprado una camisa de manga corta al Semanero, un vendedor ambulante que venía al pueblo todas las semanas con un fardo de ropa al hombro, que por supuesto pagaría poco a poco y cuando pudiera. Mi madre tenía que visitar a sus primas de Iznalloz y quería causar buena impresión para demostrar a sus familiares que las cosas le iban bien con su marido sevillano. En aquellos días una mujer no podía viajar sola, y me llevaba a mí como acompañante y protector.
Preparamos una gran cesta en la que metimos una talega con dos conejos que llevábamos como regalo, con la preocupación de mi madre por si se abría la talega y se escapaban los animales. Subimos a la estación por la carretera ya que el Camino de la Trocha estaba embarrado de las últimas lluvias de la primavera. Era temprano, hacía frio mientras subíamos la Cuesta de la Estación hasta que llegamos al Llano y el sol nos fue calentando los cuerpos.
En media hora estábamos en la Estación. Yo estaba tan contento que no cabía dentro de mí. Mi madre era muy precavida y llegamos con dos horas de antelación, por si acaso, a lo que hay que añadirle la hora que traía de retraso, aquello se me hizo interminable.

--Ya viene --gritó una señora que también esperaba impaciente.

Siguiendo las vías del tren hacia Fonelas, en el horizonte, se comenzaba a divisar una gran humareda negra. El tren pitó y todos nos miramos sonriendo. Ahora estábamos seguros de que no nos iba a dejar en la estacada, los demás viajeros que se subían en la estación de Huélago, iban a Granada y tenían muchas cosas que hacer. Al margen de nuestra impaciencia, la locomotora avanzaba lentamente tirando de cuatro vagones entre los campos de cebada verde que ya tenían una altura de medio metro. El viento iba en dirección contraria y el humo negro envolvía por momentos los vagones pareciendo que desaparecían y volvían a aparecer como por magia. Aun tardó un rato en llegar. Cuando el tren paró, el Revisor se bajó y habló con el Jefe de Estación, como nos vio titubeantes nos dijo:

--Subid, que vamos con retraso.

Los ocho viajeros que esperábamos en el andén subimos al último vagón, el de Tercera. Nos acomodamos en el primer departamento que estaba vacío. Cada apartamento tenía capacidad para ocho personas, los asientos eran de tiras de madera y encima de las cabezas tenían unos estantes para poner el equipaje. Mi madre no quiso poner su cesta allí y la colocó sobre las rodillas ante el temor de que los conejos se escapasen. Como era el único niño que viajaba me dejaron sentarme junto a la ventana. Lo primero que quise hacer fue abrir la ventana para asomarme y todos vocearon que me quedara quieto.

--La ventana no se puede abrir porque entra mucho humo --me aclaró mi madre.

Enseguida llegamos a Moreda, allí la máquina tenía que cargar agua y estuvo mucho tiempo parada, yo aproveché para recorrer los vagones pasillo arriba, pasillo abajo, hasta que el tren pitó de nuevo y volví junto a mi madre que ya salía a buscarme. El tren se puso en marcha lentamente dejando una nube de humo negro que todo lo envolvía, mientras se alejaba, mirábamos expectantes por la ventana, conforme avanzábamos los mayores comentaban el nombre de los cortijos por donde pasábamos. Poco después llegamos a la estación de Iznalloz. Para llegar al pueblo había que subir una enorme cuesta pero las primas de mi madre vivían a las afueras, junto al rio, donde tenían un molino y un horno para hacer pan. Era una familia de panaderos.
Al llegar al molino, una pastora ordeñaba junto a la puerta unas cabras para venderles la leche. Yo les dije que tenía hambre y que no habíamos comido nada por la mañana porque mi madre se mareaba cuando viajaba. Nos sentaron a la mesa y nos pusieron un vaso de leche de cabra recién hervida y unas galletas que elaboraban ellos, después me pusieron un plato de pastelitos que confeccionaban para los bares y tiendas de Granada y que fueron mi delicia durante todo el día.

--¡Come niño que de esto en tu casa no hay! --me decían admirados de mi glotonería.

Me pasé un día genial, aprendiendo a hacer panes y bollos. Por la tarde teníamos que volver a casa. A la hora de partir, mi madre se encontró la cesta llena de pastelitos y bollos de aceite con pasas que a mí me gustaron mucho. Todavía recuerdo el olor del horno y el sabor de aquellos pasteles.
Volvimos a la estación para coger el tren de vuelta, procedente de Granada, esta vez llegó puntual, pero al igual que por la mañana, en Moreda estuvimos un gran rato esperando, aunque yo no me aburrí comprobando cómo acercaban una vagoneta y cargaban el carbón en nuestra máquina. Al terminar, el fogonero me miró haciendo como que me iba a llenar de tizne y salí corriendo para volver junto a mi madre. Una vez completa la carga del combustible, el tren se puso en marcha con un largo pitido que llenó de alegría a mi madre. Un rato después llegamos a la Estación de Huélago. De nuevo estábamos en casa. Era increíble todo lo que había vivido y parecía que acabábamos de salir, como si el tiempo no hubiera pasado. En cuanto llegamos mi madre se acordó que tenía que hacer los deberes de la escuela y no me dejó ir a jugar. Me puse a hacer los problemas de matemáticas, pero como no tenía gana escribí unas poesías.

Es el tiempo, es el tiempo.
Qué pesado trabajar con sudor helado blanco
Y todo que pasa rápido.
Es el tiempo, es el tiempo.

miércoles, 18 de enero de 2012

Solomillo Relleno

Hoy os traigo una receta muy sabrosa y facil de hacer: Solomillo relleno:

INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS:

--- 2 solomillos de cerdo.
---1 pimiento verde.
--- 1 pimiento rojo.
--- taquitos de jamón.
--- dátiles sin hueso.
--- nueces.
--- apio.
--- aceite
Para la guarnición:
--- patatas
--- cebollas
--- pimientos verdes
--- pimientos rojos
--- esparragos blancos

 
Se abren los solomillos a lo largo con un buen cuchillo, procurando que salgan finitos pero sin romper la pared. Le ponemos sal y pimienta.
  

Se prepara el relleno, que puede ser muy variado. Yo lo he hecho con dátiles, nueces, taquitos de jamon serrano fritos, apio frito, trocitos de ciruelas pasa y piñones. 

 
 
Se le pone una tira en el centro del preparado que hemos hecho y se cierran.

 

Se ponen en una bandeja apta para el horno y se untan de aceite, se le echa por encima un vaso de vino blanco y un vaso de agua y se le pone tomillo y romero. Se meten al horno durante 40 minutos a 160 grados centigrados. A la mitad del tiempo se le puede dar la vuelta. Como los hornos varian es conveniente pincharlos con un alambre para comprobar que estan bien hechos por dentro.



En mi caso he dispuesto un solomillo para dos personas.

En una sarten aparte se prepara la cebolla frita, los pimientos fritos, un poco de apio que me sobró del relleno y unos espárragos.














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