UNA GUERRA SENCILLA
UNA GUERRA SENCILLA es una novela sobre la guerra civil española y la posguerra.
NADIE AMABA A FEDERICO GARCÍA LORCA COMO YO
NADIE AMABA A FEDERICO GARCÍA LORCA COMO YO es una novela sobre la muerte del poeta al comienzo de la guerra cuvil española.
ANIK
ANIK es una novela de fantasía en la que una joven recibe un medallón mágico que le otorga unos poderes extraordinarios.
LA PIEDRA DE SCONE
ANIK sigue luchando para continuar su vida normal y no perder el amor de su vida en su lucha contra los seres alados.
LA INVASIÓN DE LOS REINOS DEL HIELO
El planeta Tierra es atacado por seres de otras dimensiones y ANIK y sus hijos son la clave para defender la tierra y a sus aliados.
80 HISTORIAS DE TU AMOR Y EL MÍO
80 HISTORIAS DE TU AMOR Y EL MÍO es el primer poemario de la TRILOGÍA DEL DESAMOR.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Día Internacional de la poesía 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
TÚ
(Año de 1976)
sábado, 17 de marzo de 2012
La tormenta
martes, 6 de marzo de 2012
AURA NOS CUENTA SU PRIMERA VEZ
- No iras a… –no me dejó terminar.
- No, tranquila, no te preocupes, confía en mí.
- Llévame a mi habitación.
- ¡Ahora me toca a mí! –le dije mientras me enganchaba a su cuello y lo besaba largamente.
- ¿Pasa algo tía? –preguntó él preocupado.
- Nunca había visto un hombre totalmente desnudo –le dije acariciándole la entrepierna.
- No…, no…, más despacio –me dijo con la voz alterada por el placer.
- ¿Te gustaría hacer el amor conmigo? –le pregunté.
- Sí…pero no podemos.
- ¿Por qué? –pregunté muy ingenuamente.
- Yo sí tengo. Me los regalaron en mi cumpleaños para reírse de mí, fue Clara que es muy picarona, pero yo los acepté y los guardé, nunca se sabe.
- ¡Guay!
- Espera, coge otro, lo colocas y lo vas desliando poco a poco –fue haciéndolo mientras lo decía.
- ¡ Guay!
- Ahora sí, ya podemos hacerlo, pero primero acaríciame como antes.
- ¿Te hago daño?
- Sigue, vas bien.
- ¡No aguanto más!
- Lo siento, no quería hacer tanto ruido.
- Ni yo.
- ¿Lo habías hecho antes? –le pregunté con curiosidad.
- ¡Qué dices tía!, es la primera vez. Hasta ahora no había tenido oportunidad, bueno tampoco la había buscado.
- A mí me ocurría lo mismo. Quería que la primera vez fuera con un hombre del que estuviera enamorada.
- ¿Y estás enamorada? –la pregunta me pilló de sorpresa.
- ¡Joder, y yo que sé!, te acabo de conocer. Pero desde el primer momento me encuentro a gusto contigo. ¿Y tú?
- Yo también, estoy sorprendido porque parece que te conozco de toda la vida. Creo que estoy enamorado.
- No te precipites, es pronto para decir eso, no quiero que por haberme acostado contigo te sientas obligado. ¿Sales con alguna chica, no quiero causarte problemas? –trataba de parecer responsable, en realidad estaba temblando y preocupada por lo que había ocurrido.
- No, nunca me he enamorado. He salido con algunas chicas, pero nada serio.
- No me lo creo, le debes gustar a muchas chicas.
- Y tú a muchos chicos –dijo tocándome la punta de la nariz.
- Sí, pero no les he hecho caso.
- Yo tampoco…Siempre supe que cuando me gustara una chica lo notaría enseguida… y esta noche lo he notado…
- ¡Ehhh!, ya está otra vez, ¿cómo lo haces? –exclamé al notar su nueva excitación.
- Yo no hago nada.
- ¿Te mola hacerlo otra vez?
- ¿No te dolerá? –dijo preocupado.
- Antes no me ha dolido, ha sido estupendo. Me he sorprendido cuando has entrado dentro de mí, pero al momento parecía que éramos un solo cuerpo. Me siento feliz.
- ¡Yo también! ¿Sabes que hoy es mi cumpleaños?
- ¿Cómo lo voy a saber? ¿Cuántos cumples? –me puse melosa.
- Veinte.
- ¿Veinte? ¡Mola!, bueno, eres muy viejo, tío. El lunes te compraré un regalo, ahora somos amigos.
- El regalo ya me lo has hecho ¡amiga!, ¿Cuántos años tienes tú? –me preguntaba al tiempo que me besaba.
- Dieciocho.
- Me molan tus dieciocho años.
- Tengo que lavarlas para que se sequen antes de que vengan ellas.
- ¿Y qué más da?
- No quiero que se enteren, que son muy cotillas y enseguida todo Guadix lo va a saber. Me voy a duchar –dije intentado parecer despreocupada.
- Y yo también, espera y nos duchamos juntos.
- No, no, si quieres te duchas mientras yo hago la cama, luego me ducho yo.
- Ni pensarlo, hoy lo compartimos todo, y si tú quieres lo compartiremos toda la vida –decía mientras me abrazaba.
- Tío, no me rayes, que vas muy deprisa, tendremos que pensar qué ha pasado. ¿No te parece?
- ¿Decías?
- Me rindo, si me besas ya no pienso. Así que déjame que haga la cama y tú te duchas.
- Vamos los dos, la bañera es grande –dijo muy meloso.
- ¡Vamos a ducharnos, y luego a dormir!
- Es que no puedo dejar de acariciarte.
- ¡Te voy a castigar si no te estás quieto! –le amenacé.
- ¿A no dejar que te acaricie?
- A que no dejes de acariciarme el resto de tu vida.
viernes, 3 de febrero de 2012
CON EL CORAZÓN HERIDO
CON EL CORAZÓN HERIDO
viernes, 27 de enero de 2012
Mi primer viaje en tren

A los diez años nunca había viajado en tren, bueno, no había viajado en nada. Nunca había viajado. En la primavera de 1967 realicé mi primer viaje lejos del pueblo que me había visto nacer. Aquel día estrenaba ropa nueva, mi madre me había cortado y cosido unos pantalones con una tela de otros pantalones viejos de mi padre, naturalmente sabía escoger la parte de la tela que no estaba desgastada ni rota. También había comprado una camisa de manga corta al Semanero, un vendedor ambulante que venía al pueblo todas las semanas con un fardo de ropa al hombro, que por supuesto pagaría poco a poco y cuando pudiera. Mi madre tenía que visitar a sus primas de Iznalloz y quería causar buena impresión para demostrar a sus familiares que las cosas le iban bien con su marido sevillano. En aquellos días una mujer no podía viajar sola, y me llevaba a mí como acompañante y protector.
Preparamos una gran cesta en la que metimos una talega con dos conejos que llevábamos como regalo, con la preocupación de mi madre por si se abría la talega y se escapaban los animales. Subimos a la estación por la carretera ya que el Camino de la Trocha estaba embarrado de las últimas lluvias de la primavera. Era temprano, hacía frio mientras subíamos la Cuesta de la Estación hasta que llegamos al Llano y el sol nos fue calentando los cuerpos.
En media hora estábamos en la Estación. Yo estaba tan contento que no cabía dentro de mí. Mi madre era muy precavida y llegamos con dos horas de antelación, por si acaso, a lo que hay que añadirle la hora que traía de retraso, aquello se me hizo interminable.
--Ya viene --gritó una señora que también esperaba impaciente.
Siguiendo las vías del tren hacia Fonelas, en el horizonte, se comenzaba a divisar una gran humareda negra. El tren pitó y todos nos miramos sonriendo. Ahora estábamos seguros de que no nos iba a dejar en la estacada, los demás viajeros que se subían en la estación de Huélago, iban a Granada y tenían muchas cosas que hacer. Al margen de nuestra impaciencia, la locomotora avanzaba lentamente tirando de cuatro vagones entre los campos de cebada verde que ya tenían una altura de medio metro. El viento iba en dirección contraria y el humo negro envolvía por momentos los vagones pareciendo que desaparecían y volvían a aparecer como por magia. Aun tardó un rato en llegar. Cuando el tren paró, el Revisor se bajó y habló con el Jefe de Estación, como nos vio titubeantes nos dijo:
--Subid, que vamos con retraso.
Los ocho viajeros que esperábamos en el andén subimos al último vagón, el de Tercera. Nos acomodamos en el primer departamento que estaba vacío. Cada apartamento tenía capacidad para ocho personas, los asientos eran de tiras de madera y encima de las cabezas tenían unos estantes para poner el equipaje. Mi madre no quiso poner su cesta allí y la colocó sobre las rodillas ante el temor de que los conejos se escapasen. Como era el único niño que viajaba me dejaron sentarme junto a la ventana. Lo primero que quise hacer fue abrir la ventana para asomarme y todos vocearon que me quedara quieto.
--La ventana no se puede abrir porque entra mucho humo --me aclaró mi madre.
Enseguida llegamos a Moreda, allí la máquina tenía que cargar agua y estuvo mucho tiempo parada, yo aproveché para recorrer los vagones pasillo arriba, pasillo abajo, hasta que el tren pitó de nuevo y volví junto a mi madre que ya salía a buscarme. El tren se puso en marcha lentamente dejando una nube de humo negro que todo lo envolvía, mientras se alejaba, mirábamos expectantes por la ventana, conforme avanzábamos los mayores comentaban el nombre de los cortijos por donde pasábamos. Poco después llegamos a la estación de Iznalloz. Para llegar al pueblo había que subir una enorme cuesta pero las primas de mi madre vivían a las afueras, junto al rio, donde tenían un molino y un horno para hacer pan. Era una familia de panaderos.
Al llegar al molino, una pastora ordeñaba junto a la puerta unas cabras para venderles la leche. Yo les dije que tenía hambre y que no habíamos comido nada por la mañana porque mi madre se mareaba cuando viajaba. Nos sentaron a la mesa y nos pusieron un vaso de leche de cabra recién hervida y unas galletas que elaboraban ellos, después me pusieron un plato de pastelitos que confeccionaban para los bares y tiendas de Granada y que fueron mi delicia durante todo el día.
--¡Come niño que de esto en tu casa no hay! --me decían admirados de mi glotonería.
Me pasé un día genial, aprendiendo a hacer panes y bollos. Por la tarde teníamos que volver a casa. A la hora de partir, mi madre se encontró la cesta llena de pastelitos y bollos de aceite con pasas que a mí me gustaron mucho. Todavía recuerdo el olor del horno y el sabor de aquellos pasteles.
Volvimos a la estación para coger el tren de vuelta, procedente de Granada, esta vez llegó puntual, pero al igual que por la mañana, en Moreda estuvimos un gran rato esperando, aunque yo no me aburrí comprobando cómo acercaban una vagoneta y cargaban el carbón en nuestra máquina. Al terminar, el fogonero me miró haciendo como que me iba a llenar de tizne y salí corriendo para volver junto a mi madre. Una vez completa la carga del combustible, el tren se puso en marcha con un largo pitido que llenó de alegría a mi madre. Un rato después llegamos a la Estación de Huélago. De nuevo estábamos en casa. Era increíble todo lo que había vivido y parecía que acabábamos de salir, como si el tiempo no hubiera pasado. En cuanto llegamos mi madre se acordó que tenía que hacer los deberes de la escuela y no me dejó ir a jugar. Me puse a hacer los problemas de matemáticas, pero como no tenía gana escribí unas poesías.
Es el tiempo, es el tiempo.
Qué pesado trabajar con sudor helado blanco
Y todo que pasa rápido.
Es el tiempo, es el tiempo.
miércoles, 18 de enero de 2012
Solomillo Relleno




