BIENVENID@S A MI BLOG

Advertencia: algunos relatos pueden tener contenido para adultos.

UNA GUERRA SENCILLA

UNA GUERRA SENCILLA es una novela sobre la guerra civil española y la posguerra.

NADIE AMABA A FEDERICO GARCÍA LORCA COMO YO

NADIE AMABA A FEDERICO GARCÍA LORCA COMO YO es una novela sobre la muerte del poeta al comienzo de la guerra cuvil española.

ANIK

ANIK es una novela de fantasía en la que una joven recibe un medallón mágico que le otorga unos poderes extraordinarios.

LA PIEDRA DE SCONE

ANIK sigue luchando para continuar su vida normal y no perder el amor de su vida en su lucha contra los seres alados.

LA INVASIÓN DE LOS REINOS DEL HIELO

El planeta Tierra es atacado por seres de otras dimensiones y ANIK y sus hijos son la clave para defender la tierra y a sus aliados.

80 HISTORIAS DE TU AMOR Y EL MÍO

80 HISTORIAS DE TU AMOR Y EL MÍO es el primer poemario de la TRILOGÍA DEL DESAMOR.

miércoles, 10 de julio de 2013

SUEÑOS EN LA OSCURIDAD

2
Sueños en la oscuridad.



Guadix, 2 de noviembre de 1976.
Sonó el despertador y me asusté. Di un salto de la cama mirando hacia todos lados, no encontré nada anormal. Excepto que no veía bien. Miré la mesita de noche y sobre ella, mis gafas, las recordaba muy bien, aunque hacía tiempo que no las usaba. Me puse las gafas y volví a echar un vistazo alrededor. Aquella era la habitación de mi casa de Guadix. ¡Mon dieu!, ¡qué pesadilla! ¡Merde, merde! No es una pesadilla es todo real. Como un huracán vinieron los recuerdos a mi mente y resonó con fuerza las amenazas de los arcángeles. ¿La habrán cumplido? ¡Mamá! ¡Uriel!
Me vestí con rapidez, salí corriendo buscando a mi madre y la encontré en la cocina preparando el desayuno junto a una criada.
¾    ¡Mamá! ¡Mamá! ¿Estás aquí?
¾    ¿Dónde quieres que esté? ¿Todos los días te levantas tarde? ¾me gritó con mal humor.
¾    ¿Cómo?
¾    Desayuna y márchate, estoy cansada de verte por aquí.

Me quedé muy sorprendida, mi madre jamás me había gritado de esa manera tan vulgar, ni siquiera cuando estaba enfadada. Aquella no parecía ella. Tal vez tuviera un mal día. Intenté ser simpática.

¾    ¿Mamá, qué día es hoy? ¾le dijo un poco melosa.
Me miró sorprendida y me dijo:
¾    ¿Estás gilipollas?

»         ¡Mon dieu! ¿Qué pasa aquí? ¿Esta es mi madre? Ella no habla así.

¾    No mamá, he tenido una pesadilla muy rara y me he despertado sin saber qué día es hoy.
¾    Hoy es 2 de noviembre, fiesta de todos los santos ¾me dijo la criada, a la que no conocía.
¾    ¿De qué año? ¾pregunté.
¾    ¿Año? Esta niña está peor cada día ¾comentó mi madre saliendo de la cocina muy enfadada.

Miré entonces a la cridada que me observaba muy sorprendida.

¾    ¿Año? ¾le volví a preguntar.
¾    1976 ¾dijo casi asustada.

¡Merde!, ¡merde!, ¡merde! He vuelto al pasado. Todavía no he conocido a Uriel.  Hoy debe entregarme el medallón Antonio, ¿lo hará? Si es 1976 tengo que ir al instituto. ¿Qué ocurrirá? ¡Mon dieu! Estoy nerviosa, más que el primer día que fui al instituto si conocer a nadie.
No desayuné, me vestí y salí corriendo camino del liceo. Llegué con la lengua fuera jaleando como los animales. Entré en el instituto como un vendaval, un guardia de seguridad me observaba al cruzar la puerta del recinto interior, al llegar a clase Antonio no me esperaba, pero no tuve tiempo para pensarlo, la clase ya había comenzado y entré muy decidida. Me dirigía a mi sitio cuando el profesor me llamó la atención:

¾    Señorita Anik, otra vez llega tarde.
¾    Me dormí ¾dije por instinto.
¾    Por supuesto, como siempre. Hablaré con su madre para que tome medidas en casa. La sociedad no puede permitir esas licencias en una joven de su edad. Siéntese. Tiene un punto menos en el examen trimestral.

No le respondí, pensé que era mejor guardar silencio, me sorprendió tanta disciplina. Observé las caras de mis compañeros que miraban muy serias al profesor. Nadie dijo nada, si siquiera un comentario jocoso. Me senté al lado de Carmen que ni siquiera me miró.

¾    Tengo que hablar contigo ¾le susurré.
¾    Cállate no quiero que vuelvan a castigarme por tu culpa.
¾    Necesito saber que ocurre aquí ¾me miró sorprendida.
¾    Señoritas Anik y Carmen, si vuelvo a verlas hablar están suspensas.

Mi compañera agachó la cabeza sin comentar nada. Los demás compañeros ni siquiera nos miraron. Todo era tan extraño que pensé que no solo me habían trasladado de nuevo a 1976 sino que habían cambiado a todo el mundo. Seguramente les han metido recuerdos nuevos y por esos son así.
En el recreo busqué a Antonio y lo encontré paseando con unos amigos. Caminaban en silencio. Todos los grupos hacían lo mismo, caminar sin decir palabra. No se oía ningún ruido ni conversaciones. Todos paseaban en grupo, la única que iba sola era yo. ¿Sería una maldición? Me acerqué a Antonio con precaución, me miró un segundo y continuó su camino.

¾    ¡Hola Antonio! Podemos hablar.

Se paró y se aproximó a mí como con miedo. Sobre su cuello colgaba un medallón que podría ser el que encontró en la cueva.

¾    ¿Qué quieres? Sabes bien que no podemos hablar con las alumnas de bup ¾me dijo.
¾    ¿Por qué?
¾    Son las normas.
¾    ¡Merde, merde!

Me marché cabreada. Es seguro que no me traerá ningún medallón. Me fui con el grupo de Carmen.
¾    Oye guapa ¾me dijo¾ deja en paz a los mayores o volverás a tener problemas.
Es indudable que aquella no era la gente que había conocido, me fui al aula y decidí no volver a preguntar nada. Intentaría adaptarme a los nuevos acontecimientos hasta que averigüe como volver a mi vida anterior, a mi vida conocida. ¿Y Uriel? ¿Cómo será?
Los días siguientes fueron muy parecidos. Me dolía tanta soledad. Había control de estudios de todas las asignaturas y había que estudiar cada día para que no te castigaran. Los castigos eran normales y me indignaba la forma en que los aceptaban. Había muchas normas cívicas que cumplir pero yo las desconocía y no me atreví a preguntárselas a nadie, se supone que las conozco. Cómo les voy a decir que acabo de llegar a este mundo y nadie me ha explicado que vida he llevado ni que he aprendido. Observé a los demás y decidí utilizar el sentido común en cuanto a normas represivas y me iba apañando, de vez en cuando recibía una reprimenda pero parecía que eso iba con mi carácter y no se extrañaban.
Mis compañeros parecían robot más que adolescentes. La falta de alegría y de relacionarse entre ellos supondría un déficit de cariño en su mundo adulto. ¿Un mundo adulto? No había tenido tiempo de observar a los mayores salvo a los profesores. Cuando salía de clase me marchaba sola, bueno, los demás iban en grupos sin hablar por lo tanto parecían que también iban solos. Cuando llegaba a casa saludaba a mi madre y me metía en mi habitación. Ella venía de vez en cuando y si me veía en la mesa de estudio se marchaba sin decir nada. ¡Mon dieu!, mi madre era el ser más extraño que yo había conocido. Nada que ver con la madre que yo amaba.
Una semana después apareció Samael, ni era tan guapo ni era el mismo. Tal vez fuera el original. Eso no podía saberlo, simplemente era un profesor sustituto, sin más. Siguió las clases de matemáticas por donde lo dejó el otro. Decididamente aquel no era mi mundo. Parecía todo tan artificial que era imposible que fuera verdad. Los arcángeles se habían vengado bien modificando las mentes de todos los seres vivientes. Sin embargo pensaba que tenía que haber alguna manera de recuperar mi vida anterior. Desde luego no me iba a rendir.
Lo que no había olvidado era el día que conocí a Uriel, el doce de noviembre, viernes. Ese día fui de nuevo al instituto con ilusión. Sabía que me iba a encontrar algo raro pero estaba segura que el amor entre los humanos no podían modificarlo los arcángeles y lo volvería a enamorar. Recordaba como lo conocí. Aquel día llegó un poco tarde y se sentó detrás de mí. Su aroma me embriagó y al mismo tiempo me puso nerviosa. Creo que sentí miedo de enamorarme como lo hice. Al terminar la primera clase tropecé con él y me agarró para que no me cayera al suelo. ¡Dieu! Tembló todo mi cuerpo, luego al salir de clase me salvo de que un coche me atropellara y me pidió los apuntes. Era tan guapo que yo pensaba que nunca se fijaría en mí, pero lo hizo y me amó con intensidad. Lo sé. Siempre supe que su amor era inmenso y aunque a veces estuve tentada de aceptar otros amores solo el suyo llegó a llenarme como yo necesitaba.
Me senté en silencio esperando su llegada. Nadie hablaba, la disciplina de los alumnos era modélica y yo me aburría terriblemente al no poder comentar nada con mis compañeros. Aunque los profesores no estuvieran ellos guardaban el orden sin necesidad de un vigilante. Miré a Carmen con curiosidad y sin poderlo evitar quise impresionarla:

¾    Vas a ver aparecer al tío más guapo que hayas visto nunca. Es rubio y se llama Uriel. Será mi novio.

Mi compañera me miró durante un segundo sin decir nada y continuó con los ojos perdidos en la pizarra.
Los minutos se me hicieron eternos. La puerta se abrió y apareció sonriendo. Desde mi vuelta al pasado era la primera vez que veía a alguien sonreír de forma natural. Todos dirigieron sus miradas hacia la puerta y luego miraron al profesor. Hacia él se dirigió y hablaron en susurros, después nos lo presentó.

¾    Este es Uriel, vuestro nuevo compañero que no ha podido incorporarse antes por estar enfermo ¾nos dijo como presentación y luego se dirigió a él¾ Siéntese en aquel asiento libre.

Un pequeño gemido de sorpresa salió de Carmen que me miraba con los ojos y la boca abierta sin entender nada. No podía sospechar como sabía aquello.
El único sitio libre era el que había detrás de mí. Al menos lo tendría cerca. Al pasar a mi lado me miró de reojo y eso me ilusionó. ¡Unmmm! ¡Mon dieu! Su aroma si era el mismo. Se sentó y le oí sacar sus cuadernos y sus lápices de su mochila. Al poner la mochila en el suelo al lado de su mesa se cayó al suelo e interrumpió al profesor. Me agaché y la puse de pié apoyada en su mesa. «Gracias» Me susurró acercándose a mi espalda.
En cuanto el profesor salió me volví y le ofrecí mi ayuda. No pude dejar de mirar sus ojos. ¡Mon dieu! Lo hubiera besado en aquel momento pero él no me hubiera entendido y seguro que me castigaban expulsándome por mala conducta.

¾    ¡Hola Uriel!, si necesitas los apuntes o cualquier cosa pídemelo. Soy Anik.
¾    Gracias Anik, ¿de dónde eres?
¾    Soy española pero nací en Francia.
¾    ¿Por qué me ofreces tu ayuda?
¾    Acabas de llegar… lo necesitas. ¿O no?
¾    Sí, sí, claro que sí, pero no estoy acostumbrado a que nadie me ayude.
¾    Ya me imagino, nos educan para ser insensibles.
¾    Calla. Te pueden castigar. Tienen muchos oídos.
¾    Lo sé. ¿De dónde eres?
En ese momento entré el nuevo profesor y todos nos pusimos de pie recitando al unísono unas palabras de bienvenida. La conversación se interrumpió. En cuanto terminó la clase me levanté para que tropezara conmigo pero fue más rápido y pasó como un rayo a mi lado para hablar con el profesor antes de que saliera del aula. ¡Merde!!Merde!, me he perdido su abrazo. Me esperé a que terminara para seguirlo y salí detrás de él, pero en la calle no lo encontraba. No sabía dónde se había metido. Desilusionada me marché sola a casa como todos los días. Desde mi vuelta no había conseguido hacer ninguna amiga, ni siquiera alguien con quién charlar.
De pronto unos brazos me levantaron del suelo y me llevaron hacia atrás al tiempo que se oía un fuerte chirrido de neumáticos. El conductor me miró fijamente moviendo negativamente la cabeza mientras se marchaba acelerando suavemente. Me volví para ver mi salvador y me encontré con Samael.

¾    Señorita, debe mirar antes de cruzar.

¡Merde! ¡Merde!, de nuevo me han robado mi escena. Me quedé de piedra. No atinaba a articular palabra.

¾    ¿Se encuentra bien? ¾me preguntaba con amabilidad.
¾    Sí, gracias, iba despistada.
¾    Tenga cuidado, los coches van como locos.

Entonces vi que Uriel venía detrás de nosotros y nos miraba fijamente. El profesor continuó su marcha rápida hacia la calle San Miguel y yo decidí coger el camino de las cuevas. De reojo vi cómo mi nuevo compañero me seguía, bueno en realidad iba a su casa y la que sabía que me seguiría era yo. Al llegar a las primeras cuevas hice como que tropezaba y me caí al suelo. Mi carpeta salió disparada por el aire y cayó a unos metros de mí, mientras mi falda quedó de forma que mis piernas quedaron a la vista de los transeúntes.
Uriel corrió hacia mí y se arrodilló para auxiliarme.

¾    ¿Te has hecho daño? ¾me preguntó mientras me tapaba las piernas poniendo bien la falda.
¾    No sé, me duele el tobillo. Ayúdame a levantarme. ¾le decía mientras me tocaba el tobillo de mi pierna derecha.
¾    Levántame en tus brazos, lo necesito. ¡Por favor! ¡Por favor!
Pasó su brazo por detrás de mi cuerpo y yo le ayudé apoyando el mío en su cuello, levantándome con firmeza. ¡Mon dieu! Su aroma volvía a embriagarme. Mi cuerpo temblaba como la primera vez.
¾    ¿Puedes andar?
»         No puedo, no puedo, ayúdame por favor.

Intenté dar unos pasos y simulé cojear un poco. Al menos había conseguido llamar su atención.

¾    Parece que sí. Gracias.

Su brazo seguía abrazándome y yo a él. Nos miramos fijamente un momento y luego nos separamos. Me recogió la carpeta del suelo y me la dio.

¾    Gracias.
¾    De nada.

Seguimos andamos unos metros en silencio y volvió a preguntarme:

¾    Seguro que estás bien.
¾    ¿Estás sordo?
¾    Ja,ja,ja… no. Te has caído.
¾    Ya sé que me he caído.
¾    Vale, vale, no te enfades. ¿Vives por aquí?
¾    No.
¾    ¿Y a dónde vas?
¾    Y a ti que te importa.

»         Perdona, perdona, no quería decir eso.

¾    Perdona, no quería entrometerme en tu vida ¾el pobre me pedía perdón cuando era yo la que tenía que pedirlo.
¾    No, no, perdóname tú, eres el primero que mantiene una conversación normal conmigo ¾pude decirle al fin.
¾    Soy raro.
¾    No. Eres normal, los raros son ellos. Me he encontrado con el nuevo profesor y me he venido por aquí para no acompañarlo ¾le mentí, pero parecía lógico.
¾    Comprendo, me alegro de que lo hayas hecho. Así hemos podido hablar con tranquilidad.
¾    Yo también, aunque me haya caído. En clase te pregunté de dónde eres.
¾    Sí, preguntas mucho y eso me gusta. Soy de Baza.
¾    ¡Ah! ¿Y por qué vienes a estudiar aquí?
¾    Me expulsaron del Instituto pero quiero estudiar y ser médico.
¾    ¿Te expulsaron?
¾    Sí.
¾    ¿Eres malo?
¾    Bueno, un poco. Soy rebelde.
¾    ¡Mon dieu! Es lo más interesante que he escuchado últimamente.
¾    Sí, pero hay que tener cuidado para que el sistema no te aplaste. Es mi última oportunidad para poder estudiar medicina.
¾    Serás un buen médico.
¾    Gracias.
¾    ¿Sabes Uriel? Hay algo que me permite confiar en ti, me gustaría quedar contigo en algún lugar secreto, necesito información sobre todas las normas que hay que cumplir. Resulta que por alguna causa que no te puedo contar no recuerdo las normas y siempre tengo miedo de meter la pata. ¿Me ayudaras?
¾    ¿Has olvidado las normas?, ya me gustaría a mí olvidarlas. Creo que eres diferente a todas las chicas que conozco. Dime dónde y quedamos cuando quieras.

Se paró mirando una de las cuevas que se veían al fondo.

¾    Vivo aquí, en aquella cueva. Me gustaría invitarte pero no quiero causarte problemas.
¾    ¡Ah! Yo me voy a casa, llegaré tarde para comer.
¾    ¿Te acompaño?
¾    No, no, gracias. Es mejor que no. Yo tampoco quiero causarte problemas.

Miré a todos lados y no habías nadie por los alrededores así que me enganché a su cuello y lo besé en los labios. Mi cuerpo se estremeció y noté como el suyo le pasaba lo mismo. Su sorpresa fue mayúscula pero respondió a mi beso con pasión. Separé mi boca de la suya y me marché sin saber muy bien cómo salir de aquel lugar. Noté su mirada clavada en mi espalda cuando me marchaba sin mirar atrás. Me sentía feliz, al menos había conseguido contactar con él en esta sociedad donde las relaciones entre los jóvenes, no son bien vistas.
Cuando llegué a mi casa tuve que soportar la bronca de mi progenitora por llegar tarde, pero ya me había habituado.
Por la tarde no tenía clase y me metí en mi habitación para estudiar, al menos no tenía que aguantar los discursos de mi madre. ¡Mon dieu!, que pesada.
El sábado teníamos previsto, mi madre y yo, comprarnos ropa de invierno. En mi vida anterior, por decirlo de alguna manera, me había acompañado Carmen, ahora no éramos amigas así que deduje que no me acompañaría. Me equivoqué. Estaba desayunando cuando llegó a mi casa.

¾    Me dijo tu madre que te acompañara a comprar ropa, ¿te parece bien?
¾    Claro.
¾    ¿Cómo sabias lo de ese chico?
¾    Casualidad. Me lo inventé.
¾    Seguro que ya lo conocías y sabias que iba a venir. Me pareció muy guapo, ¿te gustaría que te pidiera a las autoridades en matrimonio?
¾    ¿Matrimonio? No, no quiero ningún matrimonio de esa manera. Me casaré con quién yo elija.
¾    Eres muy cabezona, sabes que tenemos que tener la autorización de las autoridades para casarnos. Aún nos faltan tres años.
¾    ¿Tres años?
¾    Sí, no son muchos.
¾    Yo no quiero casarme a los dieciocho. Tengo que estudiar.
¾    ¿Estudiar? Ninguna mujer estudia, tiene que cuidar a sus hijos. Estás muy rara últimamente, tienes ideas de hombres. No te estarás volviendo homosexual.
¾    Por supuesto que no.
¾    Menos mal, tendría que denunciarte e irías a la cárcel.

»         ¡Mon dieu!, era peor de lo que pensaba. No aceptaré ningún marido de esa manera. ¡Lo juro! Mejor cambio de conversación o me pongo enferma.

¾    No me gustan las tiendas de Guadix, no se parecen en nada a las de París pero necesito ropa ¾le dije intentando relajarme.
¾    No te preocupes, Guadix no es París, ni mucho menos, pero encontraras de todo lo que necesites.


Recordaba mis compras en Tejidos Romera y repetí la operación, incluso creo que me compré la misma ropa, me daba igual, solo pensaba en volver a ver a Uriel.

miércoles, 19 de junio de 2013

!Ay!, que mi amor...



!Ay! que mi amor
quiere buscar
lo oculto
de mis ojos en tu color.

!Ay! que mi amor
vive en el alma
de mi corazón.

!Ay! que mi amor
no sabe como darme
todo aquello que busco
y que sabe. Amor.

!Ay! que mi amor
es amor y amor todo mío.
Que tuve otros amores
 y solo este me complació.

!Ay! que mi amor
tiene celos de la poesía
cuando por las noches
vivo en mi señoría.

(28 de noviembre de 1978)



miércoles, 12 de junio de 2013

EL SARGENTO CONTRERAS



2
Le dolían los dedos de escribir en aquella pesada máquina, Hispano Olivetti. Daniel terminó el último informe y lo guardó en la carpeta del caso Carmen María, los informes estaban listos para entregárselos al capitán, pero no había conclusiones, después de un mes investigando no habían llegado a ninguna parte, el primer caso importante que se le presentaba en su vida y no podía detener a nadie, ni siquiera tenían un sospechoso. Cerró los ojos y pasaron delante suya todas las imágenes del caso, ¿Qué habría ocurrido con esta niña? No tenía ni idea. A sus 30 años su vida era un asco, desde su llegada a Guadix, los días se sucedían unos a otros sin que nada le cambiara el ánimo, ni siquiera sabía por qué había pedido traslado a esta comandancia, bueno si lo sabía, su amor de toda la vida vivía allí, después de tantos años, se había armado valor para hablar con ella y pedirle que se casara con él. Poco después de su llegada a la ciudad se presentó en su domicilio en una casa del Callejón del Gallo, sus padres le dijeron que había contraído matrimonio con un tal Manolo, de las Cuevas, que era camionero y que le dirían que había preguntado por ella.

—Puede preguntar por mí en el cuartel, soy Guardia Civil —aclaró Daniel.
—Así se lo diremos, viene todos los días a vernos.

Nunca preguntó por él, Daniel, averiguó donde vivía y de vez en cuando la observaba cuando iba a la Plaza de Abastos a realizar la compra, siempre lo hizo con prudencia, en tres años no se había atrevido a hablarle. Al igual que en el Instituto, se sentía cohibido solo con su presencia.

 El traslado del jefe de la brigada de investigación le había permitido entrar y hacer algo diferente, acorde a su inteligencia y a su valía. El trabajo le gustaba, le permitía pasar muchas horas fuera del cuartel, no llevar uniforme y mezclarse con la población. Cada día soñaba con encontrar una pista que le llevara a la resolución del caso, pero las declaraciones no llevaban a ninguna parte y no había nada que pudiera indicar que había ocurrido. Nadie sabía nada. Eso era lo extraño, como es posible que se desaparezca camino del Instituto con ciento de personas haciendo el mismo recorrido y que nadie la viera ese día. ¡Eso era imposible! Todos los días, de lunes a viernes, hacía ese camino a la misma hora, subía charlando con sus amigas y compañeros, el día de su desaparición nadie la vio. Ni camino del Instituto ni por ningún lado.

Daniel solicitó permiso para entrar en el despacho del capitán:

—Pase Contreras, le iba a llamar porque quería hablar con usted, —le contestó.

Terminó de abrir la puerta y entró en el despacho.

—Perdón, no sabía que estaba ocupado, se excusó.
No se preocupe, le presento a Fabián, es hijo de un amigo mío y mi ahijado.

Fabián en ese momento se levantó y le ofreció la mano con cortesía. Aceptó el saludo.


—Es un placer —dijeron los dos al mismo tiempo.
Cuando su interlocutor se sentó de nuevo, se dirigió al capitán:

 Aquí tiene los informes para su archivo, no hay novedades, las pesquisas han sido negativas. Estoy desolado por el resultado.
—Gracias Contreras, he recibido muchas llamadas, entre ellas del Gobernador Civil para que la investigación no se cierre, igualmente del Obispo. ¡Siéntese!
—Estoy bien de pie ¡Señor!
—¡Siéntese coño!, Como te he dicho, Fabián es hijo de un gran amigo y también mí ahijado, tanto mi esposa como yo le queremos mucho, pero no está aquí por nosotros, sino para trabajar en el caso. Pertenece a inteligencia, pero he solicitado su traslado provisional para que nos ayude en las investigaciones, para ello he tenido que mover muchos hilos. Quedas libre de servicio para volver a empezar con la investigación, pero esta vez tendrás un punto de vista diferente, cuando lo conozcas entenderás porque hago esto. Vivirá fuera del cuartel, acompáñale a buscar alojamiento y luego os organizáis.
—¡A sus órdenes señor! Así lo haré.

El capitán cogió la carpeta de la mesa y comenzó a leer los informes.

—He de preparar estos informes para enviarlos al juzgado, luego podrás consultarlos en el archivo —dirigiéndose a Fabián.
—Gracias padrino, me voy con el sargento para que me ponga al tanto.
—¡A sus órdenes! —saludaron los dos.

Salieron del despacho y sin decir palabra caminaron hacia la calle. El cuartel estaba junto a la carretera nacional que cruza Guadix. Daniel siguió andando carretera abajo y Fabián lo siguió al mismo paso, ninguno habló, la situación era extraña para los dos. Al llegar al bar Los Molinos decidieron romper el silencio:

 ¿Tomamos una cerveza?, —se preguntaron al unísono.

Ninguno contestó, entraron en el bar y se sentaron en una mesa junto a la ventana, al fin se miraron a los ojos. Fabián tomó la delantera:

—Entiendo que esta situación no te guste, tómame como un colaborador, o mejor, como uno de tus hombres.
—Está bien, trabajaremos de mutuo acuerdo, quiero estar informado de todas las acciones, no quiero que vayas por tu cuenta. Lo primero es buscarte alojamiento.
—Ya lo tengo.
—Estupendo, veo que te mueves. ¿Dónde te has alojado?
 En el Hotel Comercio.
—Yo te hubiera buscado algo más barato.
—Paga el gobierno.
—Qué suerte, ¿Y el café?
—También.
—Pues ya sé quién va a pagar.
—Me pagan unas dietas por día, si me paso es mi problema.
—Ya quisiera yo vuestra paga.
 No te quejes.
—No quieres que te hable del caso.
—Tienes copia de los informes, o hemos de esperar que me los dé el capitán.
—Tengo copias, no estoy conforme con la marcha de la investigación y quería seguir indagando de mi cuenta, por si salta la liebre.
 Vámonos, quiero ver esos informes.

Fabián pagó al camarero y salieron a la calle, miraron hacia el Parque, luego hacia arriba y cruzaron la carretera hacia el Arco San Torcuato.
Daniel había alquilado un piso en la calle Santa Ana, donde vivía solo. Al pasar por la puerta de la farmacia de la calle Ancha entró para comprarse unas aspirinas, últimamente le dolía mucho la cabeza, también llegó a la tienda de bicicletas que estaba al lado y le preguntó si ya tenía lista la suya.

—Allí la tienes, le he puesto el cable y las zapatillas de los frenos nuevas. Deberías cambiarle la yanta de la rueda de atrás, para evitar el roce.
  ¿Y esta bicicleta de carreras?
 La vendo. Es de segunda mano, pero está nueva.
—¿Cuánto cuesta?
—10.000 pesetas
—No jodas, tú sabes lo que gano yo.
  Por ser para ti, te la puedo dejar en 8.000.
—6.000 y me la llevo
—Llévatela.
—Mañana voy a correos a sacar dinero y te pago.
—No hay problema, eres de confianza.
—Me llevo esta, mañana vengo a por la de paseo.


Cogió su bicicleta como un niño con un juguete nuevo, al pasar por la Placeta de los Cuchilleros se paró en el quiosco para comprar el periódico. El aire que bajaba por la calle Santa Ana cortaba el resuello. Sintió un gran alivio al llegar al número 11, y entrar en el pequeño callejón que formaba la entrada a su portal. El único piso habitado era el suyo, los demás estaban en ruinas, por 1.000 pesetas al mes era suficiente. Al llegar a la puerta no sacó la llave, simplemente golpeo secamente la puerta con la rodilla y esta se abrió. Fabián le miró asombrado, sin embargo no se sorprendió, ya conocía la vida solitaria y extraña que llevaba su nuevo compañero.

viernes, 29 de marzo de 2013

AHORA




 Curso, 1974-75.- 17 años.
Ahora

Ni los recuerdos, ni los sueños
ni Preciosa ni Anmor,
ni tan siquiera el tictac del reloj
alejan mi silencio.
Ahora quisiera llorar,
gritar a los demás:
¿habéis oído la brisa
llorar en la tormenta?
Palabras y risas
caen al vacío.
Ahora, me sonríen las amapolas
mientras mi pelo lo mojan
pajaritas de papel.
Ahora.
¿Sabes, que es saber?
Saber es… ignorar.
Yo te sé….tú me ignoras.
Ahora.

*****

Aquel invierno me estaba resultando muy triste y la melancolía envolvía mi alma. El amor, en lugar de llevarme a la felicidad, me estaba hundiendo en un pozo donde reinaba la soledad más absoluta. Conseguir el amor de aquella chica de Fonelas, era como golpearse la cabeza contra una pared, una y otra vez. Mi mente había decidido romper con ella y mi corazón se rebelaba, pobrecito. Él no podía entender que ella no me amara. No, no lo podía entender y me hacía sufrir. Yo si lo entendía, pero era prisionero de mi propio corazón y mientras él no lo entendiera, poco podía hacer. A pesar de todo quería luchar y volver a ser libre, a enamorarme otra vez. ¿Sería capaz de cambiarle a Preciosa, el nombre?
El fin de semana fui a Huélago a ver a mis padres y regresé el domingo por la tarde en el tren. Cuando llegué a la casa donde vivía como estudiante, en Guadix, no encontré a nadie. Todo era silencio y dolor. Aunque tenía que estudiar para un examen, no me apetecía, y pensé en acostarme. Ya me estaba quitando la ropa cuando oí, a través de los cristales de la ventana, que comenzaba a llover. Abrí la ventana y me asomé. En esas circunstancias, lo que más me gustaba era pasear bajo la lluvia, claro que procuraba que nadie se enterara porque eran cosas mías.
Me puse mi gabardina, me levanté el cuello y salí a la calle, el aire olía a humedad, la tenue lluvia empapaba lentamente mis cabellos y mi corazón dejó de sufrir. Una paz interior recorrió mi cuerpo, bajé la calle Ancha y por el callejón de Bujez, salí al Arco San Torcuato, crucé la carretera y entré en el Parque, solitario a esas horas de la noche, y más con ese tiempo.
El cala-bobos, nunca mejor dicho, seguía cayendo sobre mí. Las gotas de agua sobre mi cara me sabían a caricias y me aislaban de la soledad. Caminé por el parque, alrededor de la estatua de Pedro Antonio de Alarcón, durante un rato hasta que me sentí lleno de paz.
Volví a la Placeta Santiago, donde se encontraba mi casa. La Vieja ya había vuelto y después del saludo, me puso la cena. Ni Rafa, ni Agustín, ni Mari Pepa habían llegado. Ellos vendrían el lunes por la mañana. Terminé de comer y me levanté dándole las buenas noches, ella me preguntó:
¾     ¿Qué vas a hacer ahora?
¾     ¿Ahora?, ¾le pregunté yo, sorprendido por su diálogo¾. Voy a estudiar ¾le contesté, mintiéndole.

Subí a mi habitación y cogí una libreta y escribí: «Ahora». Y después del título, la poesía.


El sonido de la lluvia en el cristal me acompañó durante toda la noche. Por la mañana llegó Rafa a dejar su equipaje y nos fuimos juntos al instituto. 

jueves, 21 de marzo de 2013

DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA, 2013



PARA TODOS LOS POETAS EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA:

SEGUNDA OPORTUNIDAD.

Me acabo de despertar
y el silencio vuelve a mí
como mi corazón a la vida
donde mi mente se llena de ti
con palabras que ama, el alma mía.

Ahora respiro despacio
como respira un susurro
entre sueños blancos
entre lejanos murmullos.

Cierro los ojos de nuevo
pero no veo los sueños
ni el camino que me lleva a ellos.

Tendré que soñar despierto
para volver a tener tus besos.

Me acabo de despertar
Y comienza un nuevo día.

(Andos More)

viernes, 22 de febrero de 2013

HE VISTO: Cambalache



“Anoche juimos al teatro
 Eso sí que tié que ver
 Cobraron catorce reales
 Por un cachico papel”


Bueno, esto es una broma a modo de introducción. El auditorio de Roquetas puso en cartelera el día 02/02/2013 la obra Cambalache

Sinopsis:
En la oscuridad de la noche, un ruido sospechoso en un elegante piso del barrio de Salamanca de Madrid. La luz del dormitorio se enciende y Sonia, aterrada, saca de la mesilla el revolver de su marido, ausente, con el que encañona a un ladrón en el intento de abrir la caja fuerte. ¡Pero su revolver no tiene balas!.
La histeria de lo absurdo les lleva a ambos a negociar la apertura de la caja, pues Sonia está convencida de que su marido esconde allí las pruebas de una inconfesable relación con otra mujer. Y así es.
Gracias a la pericia del ladrón, la abren y descubren tantas otras cosas feas que deciden chantajear al marido quien resulta ser un alto cargo corrupto, del Ministerio del Interior. Un experto policía que no va a rendirse a la primera. De hecho, esa misma noche les sorprende haciendo el amor!


Reparto:
Emma Ozores como SONIA la esposa insatisfecha
Santiago Urrialde como ROBERTO el pez gordo corrupto
Nelson Dante como CARLOS el ladrón enamorado
Vicente Renovell como RAMIREZ el guardaespaldas “todoterreno”
Carlos Martin como el VIGILANTE, incansable voyeur

Autor: Álvaro Sáenz de Heredia.

Dirección: Álvaro Sáenz de Heredia.

La comedia 'Cambalache' reúne en el escenario a la "élite de la sinvergüencería nacional", de manos de los actores Emma Ozores, Santiago Urrialde y Nelson Dante, esta obra "políticamente corrupta" de humor y suspense, escrita y dirigida por Álvaro Sáenz de Heredia.

La historia arranca en un piso del barrio de Salamanca de la capital española. Nelson Dante, un ladrón argentino poco experimentado, asalta el dormitorio del matrimonio formado por Sonia (Ozores) y Roberto (Urrialde), un policía corrupto con algunos secretos que esconder. Ella se encuentra sola esa noche, por lo que decide ayudar a su captor en la apertura de la caja fuerte, llena de incógnitas inconfesables para cualquiera.

   "La intención de esta obra es analizar la situación política, social e ideológica de hoy en día, que es caótica. Se trata de hacer pasar un buen rato al público a base de suspense y de mucha risa", ha afirmado Sáenz de Heredia.

   El autor escribió este texto con el fin de reflejar la idiosincrasia de la sociedad española en una situación de crisis como la que vivimos, pero con un toque de humor. "Todo vale y nadie se rasga las vestiduras por nada. Es aceptable cualquier tipo de planteamiento y no se excluye a nadie", ha manifestado.

   En su empeño por mantener al espectador atado a la butaca durante toda la función, el director ha mantenido el suspense "hasta el final", ya que "hasta 30 segundos antes de que la obra termine no se sabe quién se lleva el gato al agua". Además, la trama está recortada en forma de "zig zag". "Ahí es donde está la gracia", añade.


"¿QUIÉN ES CORRUPTO?"
   Según uno de sus protagonistas, Santiago Urrialde, 'Cambalache' lanza una pregunta sencilla al espectador: "¿Quién puede ser corrupto en este país?". La respuesta es "cualquiera", porque en España "quien esté libre que tire la primera piedra".
   Esta comedia no se dirige a nadie en particular. Sin embargo, el actor señala que "si algún político acude a ver esta obra tendrá que irse antes de que termine". "Espero que vengan para que se den cuenta de que los españoles nos hemos enterado de todo", destaca.
   Aunque "es complicado que la gente se ría con su propia situación", Ozores alaba el trabajo de Sáenz de Heredia y subraya que "es difícil encontrar una comedia tan divertida como esta". "La obra está escrita con tanto ingenio que aún nos entra la risa durante los ensayos", ha declarado la actriz.


Los espectadores pasamos un buen rato con las situaciones absurdas e histéricas de los personajes, con muchos guiños sobre la actualidad, lo que provoca más risas.
Emma estuvo muy bien, tiene mucho de su padre (el gran Antonio Ozores) y también le quise ver rasgos de la magnífica Lina Morgan. Por cierto, está estupenda.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...