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ANIK

ANIK es una novela de fantasía en la que una joven recibe un medallón mágico que le otorga unos poderes extraordinarios.

LA PIEDRA DE SCONE

ANIK sigue luchando para continuar su vida normal y no perder el amor de su vida en su lucha contra los seres alados.

LA INVASIÓN DE LOS REINOS DEL HIELO

La humanidad está en peligro y Anik, junto a sus hijos Sigurd y Meghan y los amigos de este: dos dioses asgardianos, lucharán para salvar a la Tierra y a sus habitantes.

ANIK

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LA INVASIÓN DE LOS REINOS DEL HIELO

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miércoles, 21 de agosto de 2013

EL PODER DE TU SONRISA




Llegaste a mi casa sola, sonriente, me sentí feliz al verte así, ---Hoy quiere que le hable de amor--- pensé. Tu sonrisa me decía eso. Te fuiste a la terraza y te seguí, te gustaba ver el paisaje urbano que se veía desde allí. Se ponía el sol y volvimos a la salita. Encendiste la luz y tu cara se sorprendió como una niña que descubre el mundo por primera vez. Solo era una bombilla pintada con laca de color rojo. Apenas si alumbraba, pero tu sonrisa se incrustó en mi alma y ya no la pude sacar. Las bombillas las había preparado para una fiesta que iba a hacer con mis amigos, un baile en la semioscuridad, un poco de sangría con licor y al final, en la última habitación un catre para el primero que tuviera éxito. Eso sería el siguiente domingo por la noche, ahora eso no venía al caso, tú estás por encima de todo eso, por encima del universo, tú eres el amor.
Nos sentamos en la mesa-camilla y mientras encendía el brasero de butano, tú ojeabas el libro de poesías que yo estaba leyendo: Azul, de Rubén Darío, edición de bolsillo de la Colección Austral. ----Yo no entiendo la poesía ----me dijiste.  ---Solo tienes que entender lo que te diga a ti, no te preocupes por lo que quiso decir el poeta---.  Me miraste sonriente, como entendiendo lo fácil que es sentir la poesía. Lo más sencillo hubiera sido decirte: «poesía eres tú», pero no estaba allí para decirte lo que sentía otro poeta sino para decirte lo que sentía yo. Tú lo sabias y jugabas a entretenerme, te sentías importante….Una estrella. Sí, una estrella del divino imperio azul que hubiera dicho Rubén, pero no era Rubén el que debía hablar.
En un lado de la mesa había una libreta de color azul. Tú no te habías fijado en ella, si las hubieras abierto, hubieras visto escrito el título en la primera página: Poesías de amor, era un libro de poesías para ti. No fui capaz de decírtelo así, «Todas estas poesías son para ti». Tampoco fui capaz de decirte que te quería como a la propia vida. Por el contrario busqué una poesía titulada: «Te quiero»  para leértela y cuando la encontré y quise recitarla tú me hablabas de un compañero que tu clase, descubrí que necesitabas hablar y de futuro amante pasé a amigo confesor. Sé que eso se me da bien. No era amor, solo un chico que de vez en cuando te miraba y eso te gustaba, como te gustaba saber que yo me moría por tu ti. No te hablé de amor, no llegué a ti en el momento oportuno de tu vida, tus quince años aún no sabían de amor, yo tenía unos pocos más, los suficiente para entender la vida como una realidad. Comenzabas a sentir ese mundo de los adultos pero te asustaba y yo me convertí en tu amigo protector, podías contarme tus deseos y tus sentimientos sin que nadie se riera de ti. Realmente estabas loca, como un huracán en el amor. Cualquier tontería te hacia reír a carcajadas y eso me hacía sentirme feliz. Me hablabas sin dejar de sonreír y eso me desconcertaba, a veces parecía que esa sonrisa era para mí y otras que era para otro. Te pedí que me miraras a los ojos y me miraste. Tu cara se puso seria cuando acerqué mis labios a los tuyos, después del beso volvió tu sonrisa. Guardamos silencio un momento y nos volvimos  a besar, luego bajaste tu mirada, era tu primer beso. Cambiaste de conversación y yo te seguí, tú no querías que te hablara de amor, pero me sonreías, y no lo hice, te sentía feliz y con eso me conformaba. Cerré la libreta de poesías de amor y la puse debajo del libro de matemáticas, ya te las leería otro día. Me dijiste que te acompañara a tu casa. Por el camino me hablabas de todo, parecías nerviosa, pero no eran nervios sino que te sentías triunfante, habías evitado que te hablara de amor. Me tenías en tus manos, lo sabías bien, yo también, aunque no me importaba si tenía tu sonrisa y tú no dejabas de sonreírme, ni siquiera cuando acerqué mis labios a los tuyos en el portal de tu casa.
Ahora tengo que marcharme, van a cerrar las puertas del cementerio, volveré el año que viene y te traeré un nuevo ramo de rosas. No te preocupes por tu sonrisa, la llevo en mi corazón.


domingo, 11 de agosto de 2013

LA LUNA


(Ilustración de  Azel Highwind)

1973.- 16 años.


La luna
La luna es de silencio
Y el silencio de soledad
De la soledad, el amor en sueños
Y del despertar, la verdad.
La luna es de verdad
¡Soledad!



Con dieciséis años, a mí me gustaba la vida nocturna, no para salir de fiesta, si no para soñar y escribir poesías en el silencio de la noche.
Una noche, ya de madrugada, salí al corral para mirar las estrellas y oí un ruido en las higueras del huerto, me acerqué y en el suelo un gorrión saltaba intentando volar.
Le dije hola, me miró, luego se escondió bajo una piedra. Lo cogí y noté como su pecho golpeaba mi dedo. ¡Pobrecillo! Todo su cuerpo temblaba. Tenía un ala rota y no podía volar. Debía sentirse solo y triste como yo. Se lo ofrecí a la luna para que lo curara y lo dejé junto a la entrada de un agujero de la pared. Se escondió en él.
Yo me senté apoyándome en el tronco de una higuera para ver la luna, dese allí podía observarla sin que ella me viera, al menos eso pensaba yo. El tiempo pasó y la luna se marchó por el tejado. «Adiós, mañana te volveré a ver». Cada noche cuando podía, me sentaba para soñar bajo su luz.
De esta manera me convertí en el amante de la Luna.

La luna es de silencio
Y el silencio de soledad
De la soledad, el amor en sueños
Y del despertar, la verdad.
La luna es de verdad
¡Soledad!


También escribí un relato sobre un gorrión que me hablaba y al que yo le contaba varias historias de amor, pero no lo conservo.

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